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miércoles, 15 de junio de 2022

Canciones.

 

El mariquita se peina

Juegos

Canción del mariquita

El mariquita se peina
en su peinador de seda.
 
Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.
 
El mariquita organiza
los bucles de su cabeza.
 
Por los patios gritan loros,
surtidores y planetas.
 
El mariquita se adorna
con un jazmín sinvergüenza.
 
La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.
 
El escándalo temblaba
rayado como una cebra.
 
¡Los mariquitas del Sur,
cantan en las azoteas!

         García Lorca.



Nadie comprende lo nuestro,
es algo maravilloso.
Nadie nos pregunta nada
porque ya lo saben todo.

Novio, novio mío,
siempre novio.

Por la tarde los dos juntos
por la noche los dos solos,
por la mañana cogidos
del brazo el uno del otro.

No nos casaremos nunca,
y siempre seremos novios.

       Rafael de León.



        Me tropecé contigo en primavera,

 una tarde de sol, delgada y fina,

 y fuiste en mi espalda enredadera,

 y en mi cintura lazo y serpentina.

 me diste la blandura de tu cera,

 y yo la sal de mi salinas,

 y navegamos juntos sin bandera, 

por el mar de las rosas y las espinas. 

y después, a ser dos ríos

 sin adelfas oscuros y vacíos,

 para la boca torpe de la gente.

 y por detrás, dos lunas,

 dos espadas, dos cinturas,

 dos bocas apretadas, y dos arcos 

de amor de un mismo puente.

          Rafael de León.

Lo bello artístico del dolorplacer.




 Obra que toma como punto de partida el tratado de Deleuze Presentación de Sacher-Masoch. Lo frío y lo cruel, la hija se enfrenta a la muerte del padre y al problema de la semejanza. Gracias a este acto masoquista con el padre biológico en la antesala de la muerte, la hija se convierte en una madre cristológica (María), tal y como desarrolla Deleuze, y adopta el papel de un verdugo paradójico, puesto que el castigo produce el beneficio del conocimiento y la belleza en un itinerario cruel, que va desde el cuerpo masacrado por la vejez hasta una mística negra, es decir, hasta la contemplación de un Dios tal vez inexistente, pero, al fin y al cabo, fantasma obsesionante. Y, para ello, la hija deviene cazadora de osos, de lobos y de corderos; la hija-madre-verdugo satisface la visión masoquista del mundo y firma el contrato con el padre, que no es nada más que una metáfora de la culpa original que culmina en la estética.

El recorrido empieza por el cuerpo, sigue con las ideas, alcanza lo sublime en el arte y, finalmente, culmina en Dios, es decir, se trata de un camino hacia el misterio. La búsqueda del ideal y de lo bello traza un camino marcado por una crueldad representada que permite pensar lo irrepresentable. El masoquismo es, por tanto, un acto puramente espiritual, que procede del dilema entre la materia y el alma, entre la caducidad del cuerpo vivo (lo bello natural) y la eternidad de lo bello (lo bello artístico, como afirma Hegel); es una búsqueda trascendente a través de la sexualización ritual de la muerte, un deseo de expiación y castigo que abjura de la semejanza al padre (el creador) para, precisamente, reafirmarla. Y reafirmar, también, la infinita soledad frente a lo indemostrable, lo inalcanzable y lo incomprensible, concentrándose en el silencio de Dios, en la semejanza entre el objeto y su representación estética, en la semejanza entre el padre y el hijo.

En la hora de nuestra muerte todos somos hijos. Esta obra es un intento vano de hacer visible lo invisible, lo ininteligible. Un orden lunático bajo el cual corre el río de la angustia y la necesidad de ser amados. La verdadera libertad emana del hecho de aceptar la esclavitud. El masoquista, a su modo, al invertir la relación dolorplacer, destituye la ley de los hombres para instaurar la mítica; quebranta el contrato masoquista establecido por Dios firmando un contrato en la tierra. Así propone Hegel: “la realización de la razón es trágica, tal y como nos enseña el sacrificio de Cristo”


 «Padre, madre, éramos tres y todo lo hicimos mal. No supimos estar tranquilos. Nunca fuimos felices juntos. Sufrimos, padre, madre, sufrimos. Hemos sido una suma de dolores y soledades. Que solos hemos estado. (...) Hemos enloquecido. O siempre fue así, desde el principio. Mamá Alzhéimer, Papá Psicosis, yo. Y griega, o».

En Una costilla sobre la mesa, Liddell lleva al lector a un viaje a lo más oscuro de la enfermedad y la locura, un recorrido por los pasillos de un hospital de enfermos terminales ("Aquí sobre todo se habla de dinero"), un relato de goteros, agujas, pañales, alucinaciones y olor a heces, en el que no ahorra sordidez ni escamotea detalles como el olor a mierda que se le pega al paladar cuando entra en la habitación de sus progenitores. "Yo no tendré hijos a los que exigir esclavitud y manos ágiles para limpiar la mierda", escribe y se pregunta si ella misma llevará en su sangre la locura que se ha despertado en sus padres. "Tengo miedo a despertar senil mañana".

Y pese al horror, también hay espacio para los sentimientos y la piedad. "Ojalá tu vientre hubiera sido mi tumba", escribe a su madre. "Hoy me alegro de no haberte asesinado, mamá. Poder despedirte sin odio es el verdadero milagro". La agonía final de su padre, un tránsito hacia la nada durante semanas en la habitación 122, "mirada sin pupila/ neonato precioso al final de tu vida", es narrada por Liddell con un gozo que estremece. "Gracias por el grandioso espectáculo de este último resplandor (...) la muerte, único instante de realidad y sinceridad ante la estafa de la existencia".


jueves, 12 de mayo de 2022

Gorki: La madre del monstruo.


 


Día tórrido. Silencio. La vida está como cristalizada en un luminoso remanso. El cielo contempla a la tierra con mirada límpida y azul por la pupila resplandeciente del sol.

El mar se diría forjado en metal liso y azuloso. En su inmovilidad, las barcas policromas de los pescadores parecen soldadas al hemiciclo tan esplendoroso como el cielo… Moviendo apenas las alas, pasa una gaviota, y en el agua palpita otra más blanca y más bella que la que hiende al aire.

El horizonte aparece confuso. Entre la bruma, se vislumbra un islote violáceo, del que no se sabe si flota dulcemente o si se derrite bajo el calor. Es una roca solitaria en medio del mar, espléndida gema del collar que forma la bahía de Nápoles.

El pétreo islote, erizado de cresta y aristas, va descendiendo hasta el agua. Su aspecto es imponente, y tiene la cima coronada por la marca verdeoscura de un viñedo, de los naranjos, de los limoneros y de las higueras, y por las menudas hojas de color de plata oxidada de los olivos. Entre este torrente de verdor que se desborda hacia el mar sonríen unas flores blancas, áureas y rojas, y los frutos anaranjados y amarillos hacen pensar en las noches sin luna y de firmamento sombrío.

El silencio reina en el cielo, en el mar y en el alma.

Entre los jardines serpentea un angosto sendero, por el que una mujer se dirige hacia la orilla. Es alta. Su vestido negro y remendado está descolorido por el uso. Su pelo brillante forma como una diadema de ricitos sobre la frente y las sienes, y es tan encrespado que no es posible alisarlo. De su rostro enjuto impresiona la mezcla de rudeza y austeridad. Hay en estas facciones algo profundamente arcaico; al tropezar con la mirada fija y sombría de sus ojos, se piensa sin querer en los ardientes orientales, en Débora y en Judit.

Anda con la cabeza agachada, haciendo calceta; el acero de las agujas brilla entre sus dedos. El ovillo de lana está oculto en una de sus faltriqueras, pero se diría que el hilo rojo sale de su pecho. El camino es sinuoso y los pedruscos crujen y resbalan a su paso. Sin embargo, la vieja sigue bajando con la misma seguridad que si sus pies viesen el sendero.

He aquí la historia de esta mujer.

Poco después de su matrimonio con un pescador, su marido salió un día a la faena y no regresó. La mujer estaba grávida.

Apenas nació el niño, ella procuró mantenerlo siempre oculto de la gente. Nunca la vieron con él en la calle, al sol, para glorificarse con su hijo, como suelen hacer todas las madres; antes al contrario, lo tenía envuelto en harapos, en un rincón de su choza.

Durante mucho tiempo ningún vecino pudo ver del niño más que la cabezota y los inmensos ojos inmóviles en la cara amarillenta. Advirtieron asimismo que la madre, que antaño había luchado a brazo partido contra la miseria, llena de alegría, infatigablemente, que sabía comunicar valor a los demás, se mostraba ahora taciturna y parecía estar siempre meditando, con el ceño fruncido, como si contemplase el mundo a través de un velo de dolor, con mirada extraña e interrogadora.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo sin que todos se enterasen de su desgracia. El niño había nacido contrahecho, y esa era la causa de la pesadumbre de la madre y el motivo de que lo ocultase de la gente.

Entonces los vecinos, condolidos, le dijeron que comprendían el dolor de una madre que da a luz a un hijo anormal, pero que nadie, salvo la Madona, sabía si aquella prueba era un castigo, y que el niño, de todos modos, no debía ser privado de la luz del sol.

Ella prestaba oídos a la gente y les mostraba a su hijo. Tenía éste unas piernas y unos bracitos en extremo cortos, como aletas de pez; la cabeza, hinchada como una bola, se sostenía a duras penas sobre el cuello delgaducho y endeble; el rostro estaba todo surcado de arrugas; tenía los ojos turbios y la boca hendida por una sonrisa inexpresiva.

Al mirarlo, las mujeres lloraban y los hombre se retiraban mohínos, con una mueca de desdén. La madre del monstruo se sentaba en el suelo, y ora bajaba la cabeza, ora la levantaba y miraba a todos, como preguntando algo que nadie podía comprender.

Los vecinos construyeron para el engendro una caja semejante a un ataúd; lo llenaron de vellones de lana, colocaron en ella al pequeño monstruo y los pusieron en un rincón del patio. Tenían la esperanza de que el sol, hacedor de milagros, haría uno más.

Pero fue transcurriendo el tiempo y el monstruo seguía siéndolo: una cabezota enorme, un largo tronco y unos atrofiados muñones. Únicamente su sonrisa iba adquiriendo una expresión más y más definida de insaciable glotonería. En la boca surgieron dos hileras de agudos dientes, y los cortos y deformes brazos se adiestraron en coger los trozos de pan y llevarlos, sin equivocarse nunca, a la ávida bocaza.

Era mudo, pero cuando alguien comía cerca o cuando olía alimento, abría el hocico y empezaba a dar unos mugidos roncos y a menear como un loco la cabezota, mientras el blanco mate de los ojos se le cubría de venillas sanguinolentas.

Comía mucho, cada día más; su mugido se hizo persistente. La madre trabajaba sin cesar, pero su ganancia era exigua y a veces nula. No se quejaba de su suerte, y si aceptaba alguna ayuda, era de mala gana y sin despegar los labios. Cuando estaba fuera, los vecinos, cansados del constante mugir del monstruo, corrían a meterle en la boca mendrugos, frutas, legumbres y cuanto comestible tenían a mano.

-¡Te va a comer viva! -decían a la madre-. ¿Por qué no lo llevas a un asilo?

-No quiero oír hablar de eso -contestaba la pobre mujer-. Soy su madre. Yo lo traje al mundo y yo he de ganar el sustento para él.

Como aún era hermosa, más de uno quiso hacerse amar por la desdichada, pero no obtuvo el menor éxito. A uno, precisamente a aquel hacia quien se sentía más inclinada, le dijo un día:

-No puedo ser tu esposa. Tengo miedo de engendrar otro monstruo. Tú mismo te avergonzarías. ¡No, vete!

El hombre insistió, recordándole que la Madona hacía justicia a las madres y las consideraba como hermanas suyas. Pero ella exclamó:

-¡Ay! No sé de qué puedo ser culpable, pero se me castiga con crueldad.

El pretendiente suplicó, lloró, se enfureció; pero la mujer no cedió.

-Me da miedo -decía-. He perdido la fe en mi destino…

El hombre se marchó muy lejos, y no regresó nunca.

Durante muchos años, la pobre madre estuvo llenando aquella boca sin fondo que engullía sin cesar. El monstruo comía todo el fruto del trabajo materno, la sangre, la vida de la desgraciada mujer. La cabeza, cada vez más desarrollada, era horrible. Semejaba un globo a punto de desprenderse del atrofiado cuello para elevarse por el aire, tras haber topado contra las esquinas de las casas.

Todos los que pasaban por la calle y miraban hacia el patio, se detenían estupefactos, estremecidos, sin atinar a comprender qué era aquello. La caja estaba adosada a un muro por el que se enredaba una parra, y de su interior surgía la cabeza del monstruo.

El amarillento rostro estaba surcado de arrugas; los pómulos eran salientes; los ojos mates, desencajados, casi salían de las órbitas.

Aquella horrenda imagen se quedaba fija largo tiempo en la memoria. La gran nariz, achatada, vibraba y se estremecía; los labios, al moverse, dejaban al descubierto unos dientes carniceros, y a cada lado del globo surgían dos desmesuradas orejas que parecían tener vida propia e independiente… Aquel horripilante mascarón estaba rematado por un manojo de pelos negros y rizados como los de un africano.

Casi siempre se le veía con un pedazo de cualquier cosa comestible en la mano diminuta y breve como la patita de una lagartija.

Entonces inclinaba la cabeza y mascaba con gran ruido, sorbiéndose los mocos, y los ojos se le movían hasta fundirse en una mancha turbia y sin fondo sobre la pálida faz, cuyas contracciones semejaban las de la agonía. Cuando tenía hambre, alargaba el cuello y abría la boca enrojecida, de la que salía una delgada lengua de víbora para mugir con acento imperativo.

La gente se marchaba santiguándose y musitando una oración.

Aquello les recordaba todos los dolores y desgracias que les había deparado la vida.

Un herrero, hombre viejo y de carácter melancólico, repetía a menudo:

-Cuando veo esa bocaza que se lo traga todo, se me ocurre que mi fuerza ha sido también devorada por algo, no sé qué, pero que se le parece mucho. Y pienso que todos nosotros vivimos y morimos para mantener parásitos.

Aquella cara enmudecida suscitaba en todas las conciencias ideas tristes y sentimientos de espanto.

La madre escuchaba los comentarios de sus vecinos sin despegar los labios. Sus cabellos encanecieron prematuramente y las arrugas se fueron extendiendo por su rostro. Hacía ya tiempo que había perdido el hábito de reír. No ignoraban los vecinos que la infeliz se pasaba las noches enteras a la puerta de su casa mirando al cielo, como si esperase que de allí pudiera llegar el socorro. Y se decían unos a otros, encogiéndose de hombros:

-¿Qué debe estar esperando?

Terminaron por aconsejarle:

-¡Llévalo a la plaza, junto a la iglesia! Por allí pasan los extranjeros y le echarán limosna.

-Sería horrible que lo vieran los extranjeros -contestó la madre, horrorizada-. ¿Qué pensarían de nosotros?

-La desgracia existe en todos los países -le contestaron-, cosa que nadie ignora.

La madre negó con un movimiento de cabeza.

Cierto día, ocurrió que unos extranjeros visitaban el pueblo y lo husmeaban todo, entraron en el patio y se fijaron en el monstruo, que estaba metido en su caja. La madre fue testigo de sus gestos de repugnancia y comprendió que hablaban con repulsión de su hijo. Pero lo que más la sorprendió fueron ciertas palabras pronunciadas con acento de desprecio y animosidad y, también, de triunfo.

La desgraciada mujer conservó en la memoria el sonido de aquellas palabras extranjeras, que repetía insistentemente y en las que su corazón de italiana y de madre adivinaba un significado insultante. Aquel mismo día fue a casa de un adivino conocido suyo y le preguntó qué significaban las palabras que había oído.

-Convendría saber quién las ha pronunciado -contestó el hombre, frunciendo el ceño-. Pues significan: “Italia muere antes que las demás naciones italianas”. ¿Quién forja semejantes mentiras?




La pobre mujer se marchó silenciosa.

Al día siguiente, a consecuencia de un hartazgo, su hijo murió entre convulsiones.

La madre se sentó en el patio, junto a la caja, con las manos cruzadas sobre aquella cabeza inerte. Permanecía quieta, inmóvil, y parecía más que nunca esperar algo. Fijaba la mirada interrogante en cada uno de los que desfilaban ante el cadáver.

Todos guardaron silencio. Nadie le preguntó nada, aunque muchos se sentían inclinados a felicitarla por haberse liberado de aquella esclavitud, o tal vez hubieran deseado consolarla por haber perdido al que, después de todo, era su hijo. Pero nadie despegó los labios. Hay momentos en que todos comprenden que ciertas cosas no pueden expresarse sin que parezcan reticencias.

Mucho tiempo después de la muerte del monstruo, la madre seguía mirando a la gente a la cara, como si preguntase no se sabe qué. Pero luego, poco a poco, pareció ir olvidándolo todo…

jueves, 3 de marzo de 2022

Sobre la creación del ser humano.

 Génesis 1:26-27

26     y dijo: «Hagamos al ser humano
    a nuestra imagen y semejanza.
Que tenga dominio sobre los peces del mar,
    y sobre las aves del cielo;
sobre los animales domésticos,
    sobre los animales salvajes,[a]
y sobre todos los reptiles
    que se arrastran por el suelo».
27 Y Dios creó al ser humano a su imagen;
    lo creó a imagen de Dios.
Hombre y mujer los creó,


21 Entonces Dios el Señor hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras este dormía, le sacó una costilla y le cerró la herida. 22 De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre, 23 el cual exclamó:

«Esta sí es hueso de mis huesos
    y carne de mi carne.
Se llamará “mujer”[a]
    porque del hombre fue sacada».


Ahora bien, quiero que entiendan que Cristo es cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer y Dios es cabeza de Cristo. Todo hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta[a] deshonra al que es su cabeza. En cambio, toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra al que es su cabeza; es como si estuviera rasurada. Si la mujer no se cubre la cabeza, que se corte también el cabello; pero, si es vergonzoso para la mujer tener el pelo corto o la cabeza rasurada, que se la cubra. El hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es imagen y gloria de Dios, mientras que la mujer es gloria del hombre. De hecho, el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre; ni tampoco fue creado el hombre a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre. 10 Por esta razón, y a causa de los ángeles, la mujer tiene autoridad sobre su cabeza.[b]

11 Sin embargo, en el Señor, ni la mujer existe aparte del hombre ni el hombre aparte de la mujer. 12 Porque así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace de la mujer; pero todo proviene de Dios. 13 Juzguen ustedes mismos: ¿Es apropiado que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? 14 ¿No les enseña el mismo orden natural de las cosas que es una vergüenza para el hombre dejarse crecer el cabello, 15 mientras que es una gloria para la mujer llevar cabello largo? Es que a ella se le ha dado su cabellera como velo. 16 Si alguien insiste en discutir este asunto, tenga en cuenta que nosotros no tenemos otra costumbre, ni tampoco las iglesias de Dios.

1 Corintios 30.40

30 Si alguien que está sentado recibe una revelación, el que esté hablando ceda la palabra. 31 Así todos pueden profetizar por turno, para que todos reciban instrucción y aliento. 32 El don de profecía está[d] bajo el control de los profetas, 33 porque Dios no es un Dios de desorden, sino de paz.

Como es costumbre en las congregaciones de los creyentes, 34 guarden las mujeres silencio en la iglesia, pues no les está permitido hablar. Que estén sumisas, como lo establece la ley. 35 Si quieren saber algo, que se lo pregunten en casa a sus esposos; porque no está bien visto que una mujer hable en la iglesia.

36 ¿Acaso la palabra de Dios procedió de ustedes? ¿O son ustedes los únicos que la han recibido? 37 Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor. 38 Si no lo reconoce, tampoco él será reconocido.[e]

39 Así que, hermanos míos, ambicionen el don de profetizar, y no prohíban que se hable en lenguas. 40 Pero todo debe hacerse de una manera apropiada y con orden.

viernes, 19 de noviembre de 2021

La edad de la ira.


Neosexismo.


 

Desde la Psicología Social se llama neosexismo a la contradicción existente entre un posicionamiento público a favor de la igualdad y el mantenimiento de unas reticencias y rechazo profundos respecto a lo femenino, producto de siglos de socialización diferencial. De este modo, aunque parece que la igualdad esté conseguida, se producen sutiles actos de violencia o discriminación hacia las mujeres que no son fáciles de identificar. Son los llamados micro-machismos. Lo que es válido para toda la sociedad se hace especialmente grave en la adolescencia, dada su falta de experiencia para detectar situaciones de abuso y discriminación.

martes, 2 de noviembre de 2021

Micromachismos.


 Los micromachismos son prácticas de dominación y violencia en la vida cotidiana, del orden de lo "micro", de lo capilar, lo casi imperceptible,lo que está en los limites de la evidencia.
Puntualmente, los micromachismos pueden no parecer muy dañinos, incluso pueden resultar normales o intrascendentes en las interacciones, pero su poder, devastador a veces, se ejerce por la reiteración a través del tiempo. 
ALGUNOS DE LOS MICROMACHISMOS (mM):
  • Intimidación
    
    Este es un mM que está en el límite entre la violencia psicológica y los mM propiamente dichos.
    
    "Maniobra atemorizante que se ejerce cuando el varón ya tiene fama (real o fantaseada) de abusivo o agresivo". A largo plazo se crea generalmente una situación en la que el varón logra no ser molestado en lo que a él no le gusta, y no estar disponible para nadie, salvo para sí mismo.
  • No participación en lo doméstico
    
    Basada en la creencia de que lo doméstico es femenino y lo público masculino, por este grupo de maniobras se impone a la mujer hacerse cargo del cuidado de algo común, el hogar y las personas que en ella habitan. 
  • Uso expansivo-abusivo del espacio físico y del tiempo para sí.
    
    Este grupo de mM se apoyan en la idea de que el espacio y el tiempo son posesión masculina,y que por tanto la mujer tiene poco derecho a ellos,el varón crea tiempo de descanso o diversión a costa de la sobrecarga laboral de la mujer, por ejemplo utilizar el fin de semana para "sus aficiones", o postergar su llegada a casa después del trabajo,etc
  • Insistencia abusiva
    
    Ganar por cansancio; este mM consiste en obtener lo que se quiere por insistencia inagotable, con agotamiento de la mujer que se cansa de mantener su propia opinión, y al final acepta lo impuesto a cambio de un poco de paz.
  • Imposición de intimidad
    
    Este mM consiste en una acción unidireccional de acercamiento cuando el varón desea, es una práctica coactiva en cuanto el varón no se molesta en negociar movimientos hacia la intimidad.
  • Apelación a la "superioridad" de la "lógica" varonil
    
    En este grupo se recurre a la "razón"  para imponer ideas, conductas o elecciones desfavorables a la mujer, "¡yo no hablo de tonterías!", es una frase que la sintetiza.
  • Toma o abandono repentinos del mando de la situación
    
    El cortocircuito es un tipo especial de maniobra de este grupo: consiste en tomar decisiones sin contar con la mujer en situaciones que la involucran, y en las que es difícil negarse, por ejemplo: invitaciones  en el ultimo momento de personas importantes: jefes. parientes, etc (Piaget, 1993).
  • Control del dinero
    
    Maniobras  utilizadas por el varón para monopolizar el uso o las decisiones sobre el dinero, limitándole su acceso a la mujer ,sus modos de presentación son muy variados: desinformación sobre usos del dinero común, control de gastos y exigencia de detalles, retencion,lo que obliga a la mujer apedir,negación del valor económico que supone el trabajo doméstico y la crianza y el cuidado de los niños,etc

martes, 13 de julio de 2021

 

Musa Ibn Nusair haría la alianza con el arriano conde Don Julián, señor de Tánger y Ceuta. Así, en 710 envió a su lugarteniente Tarif con 500 hombres a ocupar el saliente sur de la Península donde la ciudad de Tarifa lleva su nombre y a la cual impuso un pesado tributo, o sea "la tarifa", para castigar los excesos de la gobernación visigoda contra los cristianos arrianos de la región. Vale aquí puntualizar que la población mayoritaria de la Península adhería a los principios unitarios y al arrianismo. Por el contrario, la corte y el clero visigodo respondían a los dictados de Roma y al dogma trinitarlo. La oligarquía visigoda con sede en Toledo explotaba y oprimía hasta los más crueles extremos a sus súbditos arrianos.

jueves, 20 de mayo de 2021

BlackLivesMatter: no ser racista no es suficiente

 

   El mensaje del miedo siempre es más poderoso y efectivo, ya lo dijo Noam Chomsky  hace décadas . Si asustas al pueblo con problemas que no tienen (relación entre inmigración o trabajo o miedo al diferente) vendrás como salvador de esas disyuntivas que te has inventado y te votarán en masa, siempre que te hayas preocupado de que esa masa sea lo suficientemente ignorante como para creerte.

   El movimiento Black Lives Matter empezó en 2013 siendo un hashtag un año después de la muerte de Trayvon Martin en Florida.

Martin, un joven negro de 17 años, murió en 2012 a manos de George Zimmerman, un capitán de vigilancia del vecindario en Sanford, cuando regresaba caminando a la casa de la prometida de su padre en Sanford, Florida, tras parar en una tienda a comprar unos bocadillos. Zimmerman reconoció que le disparó a Martin alegando defensa propia, pero fue absuelto tras un mediático juicio.

El movimiento, cuyo lema es «Las vidas de las personas negras importan», se fundó «en respuesta a la absolución del asesino de Trayvon Martin»

El proyecto creado por Garza, Khan-Cullors y Opal Tometi —quienes se describen como líderes negras radicales— ha aumentado su visibilidad en los últimos años, pero tuvo un nuevo momento de visibilidad en mayo de 2020 tras la muerte de George Floyd a manos de un policía blanco en Minneapolis.

El movimiento «ayudó a impulsar el debate en torno a la violencia» policial y estatal contra las personas negras.  Quieren luchar juntos e imaginar y crear un mundo libre de anti-negrura, donde cada persona negra tenga el poder social, económico y político para prosperar»

Y la muerte de Floyd generó protestas multitudinarias no solo en Minneapolis, sino en varias ciudades de Estados Unidos y del mundo pidiendo que cada vez más se unan al llamado inicial: que las vidas de las personas negras importan.


Sueñan las pulgas con comprarse un perro
Y sueñan los nadies con salir de pobres
Que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte;
Pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznitas cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba

Los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada
Que no son, aunque sean
Que no hablan idiomas, sino dialectos
Que no profesan religiones, sino supersticiones
Que no hacen arte, sino artesanía
Que no practican cultura, sino folklore
Que no son seres humanos, sino recursos humanos
Que no tiene cara, sino brazos
Que no tienen nombre, sino número
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
                                                Eduardo Galeano