Caballeros 1

domingo, 11 de noviembre de 2018

Sobre La Verdad sobre el caso Savolta.

http://www.filosofiayliteratura.org/filosofiayliteratura.org/criticaliteraria.htm
     Uno de los ingredientes más atractivos que contiene La verdad sobre el caso Savolta  de Eduardo Mendoza es la proliferación de personajes pertenecientes a muy diversos ámbitos de la sociedad catalana y, por extensión, española de principios de siglo. Vamos a tratar en estas páginas de estudiar brevemente los diferentes caracteres que Mendoza ha volcado en su narración. Como decíamos, el panorama social en la novela es completo y los personajes, junto a su comportamiento corrupto, pretenden ejercer una cierta función representativa de clase. Ésta es la razón por la que Mendoza no elige sólo una clase específica, sino que pulula por distintos estratos que acaban convergiendo, como es lógico, en el más poderoso: la burguesía.        Intencionadamente, Mendoza (como ya lo había hecho su admirado Galdós) culpa a la burguesía de todos los complots sociales, históricos y políticos que marcaron la sociedad durante esos años. Quizá, por ello, casi todos los nombres tienen valores simbólicos o humorísticos (Pajarito de Soto, Serramadriles, Totorno...) y fijan algún aspecto de su carácter. Mendoza los escribe de muy diversas formas: los muñequiza cual marionetas grotescas, aplica sobre ellos una distanciación irónica o incluso los repasa con una mirada tierna. A esta estructura narrativa en tres partes, que comentábamos anteriormente, corresponden otros tantos personajes, que se erigen con el protagonismo. Los tres tienen algo del héroe picaresco.        La alta burguesía se refleja en los directivos de la empresa, marcados por la ambición de poder. La descripción y la ubicación de estos personajes nos recuerda también algunas novelas de Ignacio Agustí como Mariona Rebull  y El viudo Rius . El autor se encarga de crear alrededor de ellos una atmósfera de banalidades y vidas vulgares (las conversaciones entre las mujeres de la fiesta, el cabaret) donde internamente se deja entrever una sociedad corrompida (el adulterio de la Sra. Rocagrossa, la supuesta homosexualidad del marido). Claudedeu ("Llave de Dios"), es conocido también como "Mano de hierro", conservador inflexible y de modales burdos, es el jefe de personal de Savolta; Parells es el asesor financiero y fiscal de la empresa, liberal de trato distinguido, el único obstáculo de Lepprince y personaje que cabe relacionar con el modelo de Maquiavelo. Todos ellos representan a los inflexibles capitalistas directivos de la empresa que mantienen una implacable estrategia de explotación capitalista y no tienen inconveniente en recurrir a maniobras sin escrúpulos para sofocar los conflictos sociales. Las respectivas mujeres (Rosa Savolta, María Rosa Savolta, Neus Claudedeu y la Sra. Parells) mantienen en toda la novela una actitud sumisa, propia de su educación burguesa. No hemos de olvidar tampoco aquí la presencia breve del propio Savolta basado, como apuntábamos, en la figura histórica del industrial del metal Barret Moner, como comentábamos anteriormente.       El primer personaje importante de la novela es el asesino de Savolta, Lepprince. Contraposición de Javier Miranda, este personaje es deudor de los mafiosos cinematográficos[1]. Guapo, refinado, brutal, se casa con una rica heredera tras haber hecho matar al que iba a ser su suegro. Envuelto en un aire de misterio, Lepprince es un amoral trepador, de inteligencia sinuosa y reflexiva. Lepprince es el motor de la acción
y en él convergen múltiples puntos de vista. Sabe analizar con lucidez la sociedad que le rodea, una selva deforme en la que se ha propuesto triunfar con procedimientos que no difieren de los habituales entre los poderosos. Nada le detiene, recurre fríamente al crimen. Su fascinación sobre todos, incluido Javier, le facilitan la tarea. Sin embargo, en algún momento adivinamos sus soledad, lo vemos necesitado de amistad: así, se confía a Javier, a la vez que lo utiliza sin reparos. Su doblez desconcierta al mismo lector. Podríamos conectar a Lepprince con aquellos héroes de acción barojianos como Silvestre Paradox o Zalacaín, contrarios diametralmente a los abúlicos Andrés Hurtado o Fernando Ossorio. Lepprince es un luchador, un amoral, como él mismo afirma:
En este mundo moderno que nos ha tocado vivir, donde los actos humanos se han vuelto multitudinarios, como el trabajo, el arte, la vivienda e incluso la guerra, y donde cada individuo es una pieza de un gigantesco mecanismo cuyo sentido y funcionamiento desconocemos, ¿qué razón se puede buscar a las normas de comportamiento? (pág. 106)
       Críticos como Buckley ven en este personaje un referente real: el barón De Koenig, un aventurero, jugador, asesino a sueldo y chivato policial que incitó a la huelga a los obreros del industrial catalán Barret (Savolta). Las andanzas reales de este personaje fueron escritas por el comisario Casal Gómez en el desconocido libro La banda negra , uno de los que cita el autor al inicio del libro como fuente bibliográfica y que hemos comentado anteriormente.        Otros críticos como Ignacio Soldevila[2] identifican a este aventurero (creo que erróneamente) con Sacha Stavisky, francés jugador y famoso en la época por un juicio contra su persona conocido como el affaire Stavisky . Sacha Stavisky (Serge Alexandre de nombre real), que llegó a Francia a principios de los años treinta y que con su afición al juego, sus estafas y sus negocios fraudulentos conmocionó la vida del país dando pie a uno de los juicios más escandalosos de aquellos años. Sacha Stavisky (cuya vida fue llevada al cine por el cineasta Alain Resnais), nieto e hijo de judío, fue fichado por primera vez en 1914. Amante de una madura dama, se le describe como un personaje bien vestido, perfumado y con un indudable don de gentes. En 1926 empezó su afición por las falsificaciones de documentos bancarios hasta dar su gran golpe al falsificar en 1933 los bonos del Crédito Municipal de Bayona (unos 470 millones de francos de entonces) haciéndose pasar por un gran financiero. La vida ostentosa y despilfarradora de Stavisky, sus alardes de prodigalidad e incluso su intervención directa en ciertos semanarios atrajeron sobre él la atención de la policía. Stavisky escapó hacia la Alta Saboya. Ante el acoso policial, el famoso aventurero muere en extrañas circunstancias (suicidio, según la policía) eliminando así toda posibilidad de complicar con sus declaraciones a los políticos que le habían ayudado en sus "aventuras financieras".[3]       Lo cierto es que Lepprince es quien mejor encarna esa obsesión de Mendoza por el poder; el francés se define, ante todo, por su individualismo absoluto y por su capacidad de actuar.       La figura de Max, el guardaespaldas, es también un desdoblamiento del propio Lepprince. El prototipo del guardaespaldas es común a la novela policíaca que tan bien conoce Mendoza. En La llave de cristal  (1931) de Dashiell Hammett el personaje principal es Ned Beaumont, que no es un detective, sino un guardaespaldas del ganster Paul Madwig.       El funcionarado viene representado por el comisario Vázquez y el abogado Cortabanyes ("Cortacuernos"). Cortabanyes es un colaborador oscuro de la corrupción del poder, retrata la hipocresía que bajo la apariencia de bondad roñoso-paternal esconde un pozo de tetemanejes indignos. El abogado desarrollará un papel

muy importante en la trama ya que en su despacho tiene lugar contactos o intrigas fundamentales. Cortabanyes simboliza el poder que se mueve en las sombras.       El segundo está sacado de la novela policíaca, de psicología monolítica y coordenadas obsesivas en su análisis de la realidad social aunque, a la vez, muestra una implacable voluntad de solucionar un caso, que en gran medida contradice sus propias fijaciones del mundo. Algunos críticos como González Vigil relacionan a Vázquez con otros policías famosos como el Lew Archer de Ross McDonald. El personaje, creado en 1949, posee ciertos rasgos que comparte con el personaje de Mendoza: es el arquetipo de detective privado que se lanza al esclarecimiento de los hechos con prioridad sobre la dedicación a la caza de delincuentes. Lo que destaca de Archer es su contumacia en el rastreo de culpas y en la indagación de oscuros pretéritos, con habitual referencia a la clase alta californiana.        Creemos que el referente histórico inmediato de Vázquez es el comisario Casal Gómez, el autor del libro que encabeza nuestra novela (Origen y actuación de los pistoleros ). Como el inspector Vázquez, Manuel Casal denuncia los extraños tetemanejes de empresarios y sindicatos durante los años del pistolerismo. Este personaje policial, pasado por el tamiz de la ironía, volverá a aparecer en posteriores novelas de Mendoza como El misterio  y El laberinto  (comisario Flores) y en Una comedia ligera  (Lorenzo Verdugones, gobernador de Barcelona, que también acabará siendo trasladado). Creo ver también en el personaje de Vázquez una versión bondadosa de algunos jefes de policía de Barcelona de aquella época, en concreto citaré dos nombres: Miguel Arlegui y Narciso Portas.       Miguel Arlegui, militar castellano (1858-1924) fue jefe superior de policía de Barcelona, a las órdenes inmediatas del gobernador civil general Severiano Martínez Anido entre noviembre de 1920 y octubre de 1922. Sus adversarios le acusaron de patrocinar a los pistoleros de los Sindicatos Libres y de aplicar la ley de fugas. Fue obligado a dimitir al mismo tiempo que el general Martínez Anido en 1922. Recordemos que en nuestra novela, página 120, Vázquez recibe una misteriosa llamada de "don Severiano". El otro jefe de policía en el que se puede haber basado la figura de Vázquez es Narciso Portas, jefe de la policía especial de la represión del anarquismo durante el proceso de Montjuich de 1896.       El comisario Vázquez reúne las características del héroe de la serie negra, pues actúa al margen de las instituciones. A pesar de ser un funcionario al servicio del Estado y por lo tanto defensor de éstas, seguirá la investigación del caso aún después de que los supuestos asesinos de Savolta hayan sido ajusticiados. Su alto sentido del deber hará que incluso después de haber sido alejado de Barcelona e incluso después de haber dejado de formar parte de la policía, continúe buscando al asesino de Savolta, lo cual lo identifica con el héroe justiciero de la literatura popular decimonónica. La diferencia que presenta este personaje con respecto a sus predecesores, utilizados por Chandler o Hammett, es que no ocupa un lugar protagonista dentro de la historia.       El grupo de asalariados se refleja en los empleados del despacho de Cortabanyes, y, especialmente, en el protagonista de la novela. Se trata del segundo personaje importante de la trama, Javier Miranda, que ocupa, aparentemente, el centro de la peripecia. Como sucederá en novelas posteriores como Una comedia ligera , Mendoza escoge el recurso del protagonista que acaba convirtiéndose en sospechoso de la trama central de la novela. Lo picaresco en él es el hecho mismo de escribir un relato autobiográfico: es un pícaro que va en busca de fortuna, trabaja para varios amos y acepta el papel de "consentido", repudiando una tradición moral que ha hecho de la liviandad de la esposa un insulto. A partir del
esclarecimiento del caso Savolta, Javier Miranda intenta arrojar alguna luz sobre su propio "caso", como dice el Lazarillo de Tormes : dilucidar cómo ha llegado a la situación en que se encuentra. Nacido en la conservadora Valladolid (muy cerca de la Salamanca de nuestro Lazarillo), llegó a Barcelona en busca de unas oportunidades que no hallaba en su tierra. Encuentra un empleo que no le satisface, pero sólo logra mejorar a costa de una abyección: el matrimonio con la querida de su jefe, un aventurero llamado Paul-André Lepprince. No anda muy lejos el recuerdo del Lazarillo, casado con la barragana del clérigo de Maqueda. Este pícaro y cornudo consentido va a ser una de las bases del personaje anónimo de El misterio de la cripta embrujada . Incluso algunas de sus expresiones las veremos calcadas ya que coincide con él en su pesimismo, desarraigo y determinismo:
A lo largo de mi vida he podido experimentar esto: que me comporto tímidamente hasta un punto, sobrepasado el cual, pierdo el control de mis actos y cometo los más inoportunos desatinos. Con frecuencia, en estos momentos de reflexión, me digo que no se puede luchar contra el carácter y que nací para perder en todas las batallas. (La verdad , pág. 205)
       Miranda es ambiguo y contradictorio, incluso en su propio nombre simbólico se encuentra la esencia de su personalidad: Miranda pudiera derivarse perfectamente de un personaje que se dedica a "mirar" sin actuar. Hay en él nobleza, bondad, sentido de la justicia; pero es también débil, vulnerable. Al igual que los personajes barojianos es sincero, sensible y de buen corazón, pero incapaz de actuar, de esforzarse para cambiar la realidad o su propia vida. Aun cuando conoce a Teresa[4], una mujer que él considera el único verdadero amor de su vida. En medio de un mundo de fieras se ve arrastrado por las circunstancias. Así, se deja tentar por el panorama que, frente a su vida gris, ve tras Lepprince. A la vez, se siente atraído por sueños revolucionarios:
¡Fanfarronadas, Perico! Hoy dices esto y te sientes un héroe. Pero pasarán los años estérilmente y te devorará la primera que se cruce en tu camino. Tendréis una docena de hijos, ella se volverá gorda y vieja en un decir amén y tú trabajarás hasta reventar para dar de comer a los niños, llevarlos al médico, vestirlos, costearles una deficiente instrucción y hacer de ellos honestos y pobres oficinistas como nosotros, para que perpetúen la especie de los miserables. (pág. 269)
Hay sucesos felices cuando acontecen y amargos en el recuerdo, y otros, insípidos en sí, que al transcurrir el tiempo se tiñen de un nostálgico barniz de felicidad. Los primeros duran un soplo; los segundos llenan la vida entera y solazan en la desgracia. Yo, personalmente, prefiero éstos. (pág. 290)
       Indignidad y amor se mezclan también en su vida sentimental. Al cabo, se define a sí mismo como "un náufrago" en un mundo vulgar y ajeno, de ahí su "soledad agónica", su "hastío"; es decir, su malestar existencial, su sentimiento de frustración y de fracaso le llevan a ser un hombre triturado por la vida, porque no ha sabido ser ni un héroe, ni un pícaro, ni un canalla. Su trayectoria conduce inevitablemente al desencanto. Exactamente  como el Andrés Hurtado de El árbol de la ciencia  o el Fernando Ossorio de Camino de perfección , ambas novelas muy representativas de uno de los escritores admirados por Mendoza: Pío Baroja.       Por lo tanto, hay que ver también en el personaje de Miranda uno de aquellos personajes barojianos caracterizados por su abulia y una blanda voluntad que  incapacita para definir su existencia. Son seres que pasan por la vida de espectadores, testigos que no se implican ni se comprometen con la realidad, dotados de una psicología confusa pero que constantemente buscan algo que dé sentido a sus vidas. Son seres que, atrapados en un medio hostil, se refugian en una lucha con su propio mundo interior, su desasosiego que nunca llegan a aclarar. Si por un lado simpatiza con Pajarito y los argumentos obreristas, también, deslumbrado por el mundo de Lepprince, ve en el empresario la posibilidad de ascenso económico y social.        Para Joaquín Marco[5] Miranda es una mezcla de conspirador barojiano, de "extrañado", existencialista, ingenuo testigo de una sociedad que no llega a admitirle, a la que sirve y a la que no comprende. Un ser humano desarraigado, testigo insolidario de la vida y que, en último término, no es más que una marioneta inconsciente de todos los intereses que nunca llega a comprometerse con nada. El propio Mendoza define así su interés por el personaje:
Javier Miranda no entiende nada y todo y por eso tiene la ventaja de contar la historia objetivamente. Está claro que Miranda es un trepador social, como es tonto, sigue la trayectoria al revés. El hombre menos preparado para sobrevivir es el único que sobrevive, el más torpe, el más cobarde, el que tiene menos temple es el único que queda vivo. Esto suele suceder en la vida real.[6]
       Santos Alonso en su Guía  apunta un valor fundamental del personaje de Miranda: su inconsciencia, su ciega ingenuidad tiene ventajas para la novela porque sólo alguien que lo ve todo y no entiende nada es capaz de narrar objetivamente sin deslucir los hechos a través de la subjetividad.       Pero no debemos cegarnos ante esta aparente "debilidad" de Miranda; es un personaje que también, arribista y fracasado, trata de acercarse a las esferas del poder, como muchos otros personajes que crea Mendoza. Javier admite que "lo que buscaba era el éxito a cualquier precio" (52) y sólo parece ver en el francés Lepprince la esperanza, la fortuna y, sobre todo, el acceso a ascender en las altas esferas sociales para abandonar la pobreza.       Del mismo estilo son la Doloretas y Perico Serramadriles, compañeros de Miranda en el despacho de Cortabanyes, personajes que pasan su vida trabajando sin levantar cabeza. No podemos pasar por alto en el personaje de la Doloretas un aspecto que Mendoza trabajará en novelas posteriores: el bilingüismo y el aparente enfrentamiento entre las lenguas catalana y castellana. También, en el personaje de la secretaria, hemos de ver su crítica hacia un sistema de vida (el catalán) basado en el trabajo y en la escasez de diversión. No sin ironía, Mendoza sitúa la vivienda de la Doloretas (su nombre simbólico nos lo anticipa) en la calle Cambios Nuevos (339), la misma calle donde el 7 de junio de 1896 estalló una bomba al paso de la procesión del Corpus que causó doce muertos y más de treinta heridos. Este atentado junto a los de Paulino Pallás contra Martínez Campos (24 de septiembre de 1893) y Santiago Salvador en el Liceo (7 de noviembre de 1893) desató una represión gubernamental indiscriminada que desembocaría en el proceso de Montjuich.       Esta visión de la sociedad catalana será uno de los puntos de apoyo en Sin noticias de Gurb . Sin embargo, también queda en la novela la defensa nacionalista ante las críticas foráneas, como cuando Miranda llega a su pueblo:
Con las nuevas amistades, las cosas eran aún peor. Experimentaban una visceral aversión por Cataluña y todo lo catalán. Su contacto con el comerciante desangelado, pretencioso y chauvinista les había creado una imagen del catalán de la que no se
apeaban. Remedaban el acento, ironizaban y se mofaban del carácter regional y criticaban con exasperación el separatismo, abrumándome con argumentos como si yo fuera el portaestandarte de los defectos catalanes. (pág. 173)
       El proletariado forma un cuadro sin individualizar, presente en huelgas, mítines, ambientes anarquistas y discursos. Destaca Domingo Pajarito de Soto, un pseudointelectual bohemio, idealista desvalido e ingenuo, cuya alta misión obrera contrasta con la miseria de su vida, la generosa reflexión sobre la causa de los trabajadores y la ceguera e insensibilidad para la realidad cotidiana como la triste situación que padece su propia familia. El personaje de Pajarito bien podría estar basado en algún periodista ácrata del momento, como Fortunato Bartho, redactor jefe de la publicación Espartaco .[7] Incluso, en un sentido algo paródico, la denuncia en los periódicos de Pajarito recuerda vivamente las denuncias que sobre la corrupción policial y los agentes alemanes realizaba el sindicalista Ángel Pestaña en las páginas de Solidaridad Obrera . Es , pues, Pajarito un idealista muy particular que arriesga su vida de forma consciente por la lucha obrera pero que proporciona el desamparo a su propia familia por su difusa ideología utópica y sus preocupaciones sociales. Recordemos que este tipo de personaje, el anarquista idealizado, volverá a aparecer en novelas posteriores como el Pablo de La ciudad de los prodigios .       Un grupo digno de mención es el que forman Julián y los miembros de la célula anarquista, caracterizados por su agresividad y el secreto de sus actuaciones; este grupo guarda una gran similitud con los anarquistas que describía Bastos Ansart en la novela que comentábamos anteriormente.       Por último, los bajos fondos barceloneses, aparecen representados, entre otros, por María Coral, gitanilla de 18 ó 19 años, artista de cabaret que es un producto de la miseria; de ahí sus contradictorios perfiles. Lepprince la define certeramente: "Era suave, frágil, sensual como un gato; y también caprichosa, egoísta, desconcertante." Conoce el poder de su belleza misteriosa, la impresión que produce en los hombres y juega con ellos, como si se complaciera en dominarlos. Vital y esquiva, su única ambición es salir de la miseria al coste que sea. En el personaje de María Coral confluyen rasgos tradicionales: el romanticismo, el carácter folletinesco y, en general, la tradición folklórica.       El tercer protagonista es un personaje del que Miranda, de forma característica, no ha tenido noticia alguna hasta el día del proceso. Se llama Nemesio Cabra Gómez. El primer apellido alude quizá al maestro Cabra del Buscón  o, simplemente, a que está loco como este animal. El referente real de este personaje está basado en la persona de un confidente de la policía que, según una crónica periodística del año 1918, mató de un tiro a un comisario. Y, como el agresor estaba loco, nunca se supo si fue un acto de demencia o si, simplemente, después de veinte años de chivato, decidió eliminar a la autoridad. Es un personaje que Mendoza recuperará en novelas posteriores como El misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas .[8] Buen conocedor de esa zona de la sociedad donde el poder se exhibe sin asomo de mala conciencia (manicomio, comisarías, cárceles), se ve sometido a una permanente manipulación por parte de las bandas anarquistas y de la policía, y se convierte en un vagabundo con arrebatos de locura mística. Estas visiones de Nemesio (Capítulo IV de la primera parte, secuencias 87 y 89, recuerdan vivamente las del Luisito de Miau  de Galdós:
Es Jesucristo quien habla por mi boca. El otro día, ¿sabe?, vi una luz resplandeciente que traspasaba las paredes; tuve que cerrar los ojos para no volverme ciego..., y cuando los abrí, Él estaba delante, como está usted ahora, señor comisario, igual que usted, con
el blanco sudario que le regaló la Magdalena. Sus ojos desprendían chispas y su barba tenía puntos luminosos como estrellas y en las manos llevaba sus llagas puestas como cuando se le apareció a santo Tomás, el incrédulo. (pág. 142)
       Por último, y ésta es una característica que se repetirá y será base narrativa en La ciudad de los prodigios  : la aparición de personajes históricos como personajes integrantes de la novela. Así, a lo largo de la historia son citados políticos como Francesc Cambó (fundador de la Sociedad Catalana y ministro), Alejandro Lerroux (fundador del Partido Radical y ministro), Antonio Maura (jefe del gobierno conservador), García Prieto (jefe del gobierno liberal), Eduardo Dato (jefe del gobierno conservador) y otros como Cánovas, Sagasta, el ingeniero Pearson o el mismísimo Alfonso XIII.       También están presentes en la novela conocidos anarquistas revolucionarios como Paulino Pallás, Santiago Salvador, Ramón Sempau, Salvador Seguí y Francisco Ferrer Guardia, así como otros de quien novelescamente se sospecha que tienen relación con "el caso Savolta" como Andrés Nin.       Finalmente, tampoco podemos olvidar dos personajes o motivos insistentes en las novelas de Mendoza y que se inician aquí. En primer lugar el cine, con su halo de fantasía y sueño. El Hollywood de directores como Douglas Fairbanks que aparece en nuestra novela volverá a ser centro importante en Una comedia ligera .       En segundo lugar, otra obsesión del novelista, el mago chino Li Wong (51) que reaparecerá también en Una comedia ligera . En ambos casos, se trata de una evasión ensoñadora a través de personajes y motivos diferentes.       En cuanto a las técnicas del retrato y la descripción, anotaremos que el retrato no se prodiga en la obra, pero los escasos que hay son admirables: el de Cortabanyes, el de Pajarito de Soto y algunos personajes secundarios. Paradójicamente, no encontraremos retratos de los personajes principales: no sabemos cómo son físicamente Javier o Lepprince; de María Coral, sólo conocemos la intensa impresión que produce su belleza.       Mucho mayor es el lugar otorgado a las descripciones o pinturas de ambientes. Es imborrable la impresión que nos producen, por ejemplo, el cabaret, el salón de baile popular, la casa de Pajarito de Soto, el barrio Chino o el balneario. Tanto en retratos como en descripciones hallaremos muestras de una técnica realista tradicional, junto a tratamientos irónicos, poéticos, etc.       Por último, no podemos olvidarnos del simbolismo de los nombres propios con los que juega el novelista, aprovechándose incluso de nombres reales. Como Cervantes, Galdós, Baroja o Cela, a Mendoza le encanta identificar a sus personajes con sus nombres, produciéndose muchas veces el juego irónico. Algunos ejemplos en nuestra novela son evidentes: Pepín Matacríos, Remedios "la loba de Murcia", Rocagrossa, Vicente Puentegarcía,  Perico Serramadriles, Doloretas, Doctor Flors, Sr. Farigola, Sargento Totorno, Augusto Casabona , Rosita "la idealista", Señor Follater, Max, Tío Burillas, bufete de abogados Hinder, Maladjusted and Mangle, el pistolero Lucas "el ciego"...

viernes, 9 de noviembre de 2018

Sobre el feminismo en Pardo Bazán: http://latribu.info/feminismos/violencias-prensa-precursoras-proposito-del-cumpleanos-emilia-pardo-bazan/



La vida contemporánea era el título de la sección que doña Emilia mantuvo en La Ilustración Artística, pero sus centenares de crónicas son hoy de difícil y paciente acceso. En su momento se editó alguna antología breve, ya inaccesible, del mismo modo que está descatalogada la edición completa que realizó la Hemeretoca de Madrid3. Se requiere mucha paciencia digital y buena vista para bucear en ese retrato social que combina la reseña literaria, el comentario de viajes, el análisis político, la noticia parlamentaria y, también, la denuncia constante de la violencia sufrida por las mujeres, entre otras informaciones sobre un feminismo que Pardo Bazán juzgaba como la única revolución verdaderamente pacífica de la humanidad. En su descripción del maltrato brillan problemas y diagnósticos vigentes hoy, estructurales de las formas de relación que esconden sometimiento y poder bajo teórico romanticismo y que siguen, como señalan las expertas, un esquema circular y metódico que empieza en el control o el desprecio sutil hasta acabar en el asesinato. Una pequeña estampa de ruptura que podría no tener cien años es esta “Ensaladilla”, escrita en 1901, en la que la autora gallega denuncia, tirando de ironía, el estilo de la crónica de sucesos de entonces.
La muchacha, o porque su amartelado galán le pega, o porque acostumbra estar beodo, o porque tiene sus queridas, o por cualquier otra fruslería del mismo jaez, determina romper y no acordarse más del santo del nombre de aquel individuo. Él no está conforme: desea continuar. Ella le significa su resolución: él se lamenta, se mesa los cabellos, profiere imprecaciones sordas y reniega de su indecente suerte. Ella, firme que firme. Pasan dos meses o tres. La muchacha, aburrida de coser o de fregar, decide asistir a un baile o darse una vuelta por la plazuela. El ex novio la sigue allí, y apenas le echa la vista encima, la apremia para reanudar. Niégase la chica por última vez; el galán saca un revólver o empalma una faca “de grandes dimensiones” y la clava con insistencia en la región H o B del cuerpo de la desdichada. Cae ella, sin proferir un grito, en un charco de sangre: él la besa; se entrega a los guardias; le juzgan; el defensor le pinta como Otelo forrado en Werther; el tribunal le aplica cuatro o seis años, si no le absuelve… y aquí no ha pasado nada, señores. Porque la lenidad con esta clase de crímenes es grande. Sale bastante barato dar muerte a una mujer. Sería conveniente que costase algo más: tal vez así lo pensarían mejor los celosos y los apasionados.

Dejo a la memoria de quien lea este artículo el recuerdo de titulares recientes sobre “llamadas por amor” que son acoso telefónico, ciudades empapeladas para chicas de tranvía, creciente cifra estadística de chavales que controlan y agreden a sus novias también menores de edad, ayudados por la tecnología a su alcance y por la desidia institucional hacia el problema de su ausencia de educación tanto en valores, como en conceptos. En el fragmento, el asesino de mujeres ve blanqueado su crimen en el refugio del amor y en el hecho, también señalado en otro de sus artículos por Pardo Bazán, de que “la mujer no hace las leyes, ni puede siquiera designar al que ha de hacerlas” y “hace falta, mucha falta, la representación de medio género humano, hasta hoy juzgado, sentenciado, ejecutado por el otro medio”. ¿Pensamos en el reciente caso de Juana Rivas, expuesta a todos los fallos paradigmáticos e ideológicos del sistema judicial español en lo que se refiere al tratamiento de la violencia machista? ¿Nos acordamos del juicio público al que fue sometida la mujer de Maracena, de cuya condición de víctima se dudó porque, en palabras de su maltratador condenado y con otra causa pendiente, “le gustaba salir de fiesta”?

También de 1901 es el recuento de una violación y de un intento de asesinato que dos hombres cometen contra una chica, una modista en paro y en hambre, que se aventura por calles poco recomendables de Madrid con el fin, como expresó en el juicio, de suicidarse ante la pura impotencia provocada por la precariedad y para no caer en el único recurso siempre disponible para una mujer: la prostitución por razones alimenticias. La modista se zafa de la agresión pero, cuando llega a una zona concurrida, sus agresores la alcanzan y disparan con objeto de que no pueda denunciarlos. Sale viva y puede hablar, pero a pesar del horror del crimen y lo evidente de un caso en el que hay testigos (condena firme, en el caso de Arcuri) y una víctima que exige amparo a la justicia (conforme debería acogerla la ley nacional, internacional y futura, si tenemos en cuenta el reciente Pacto de Estado en la materia), pronto empieza a suceder esto:

Su castigo no será probablemente tan ejemplar como lo pide el horror inicuo del caso; ya se empiezan a buscar excusas —leo en El Imparcial que en un “centro oficial” corre la voz de que la modistilla no era tan honrada como se creyó al principio… ¿Y con qué fin se dice eso en un centro oficial? ¿Es para disculpar a los criminales, dos veces criminales, amén de cobardes y alevosos? ¿Es que se quiere sentar la jurisprudencia o esparcir la idea de que a una mujer en cuyo pasado o presente exista alguna sombra, forjada por la calumnia quizá —y si es real, para el caso da lo mismo—, pueden burlarla e intentar asesinarla dos hombres, y que la culpabilidad de estos dos hombres se mide por los grados de pureza que mida la fama de la víctima? ¿Acaso a esa mujer, sea cual sea su conducta antes del momento del crimen, aunque fuese la escoria de la calle, no deben protegerla la ley y la sociedad? ¿Se impone menor pena en el Código a los que roban y matan a un usurero o a un libertino que a los que roban y matan a un hombre probo y estimado de sus conciudadanos? Y porque supongamos que una mujer pobre, una humilde modista, ha incurrido en debilidades o en errores sentimentales, o de cualquier índole, ¿es menos infame su opresión, es menos sagrada su seguridad, su honra, su vida, sus derechos de ser humano, en medio de una sociedad que se dice civilizada?

Emilia Pardo Bazán señala al principal periódico liberal de la época (entrevista exclusiva con Arcuri en El País un día después de llevarse a los hijos de Juana a Italia), aunque podemos suponer que el resto de papeles no dejaría a la modista mejor parada, por poner en duda el derecho a la justicia y la verdad del relato de la mujer “de la calle”, de la que está donde no se la espera, de la que ha podido tener alguna conducta de índole sexual reprobable según la moral social y religiosa de la época… o de la nuestra, con el juicio a la vuelta del otoño en el que esa “manada” de “ejemplares” amigos tendrá que rendir cuentas por la violación de una chica a la que previamente drogaron y a la que los medios cuestionaron por haberse ido de fiesta con varios varones. En la lógica patriarcal, violar a la que no se considera “pura” y sí “puta” es castigo justo y así tenemos, hace ciento dieciséis años, un magistral diagnóstico de la violación y las violencias coercitivas que sufrimos las mujeres en el espacio público de la ciudad y de la vida en general cuando pretendemos vivirla de forma plena. Detectaba doña Emilia el problema de los hombres, así en cursiva, hombres “que se creen dueños de la mujer en el hecho de que es mujer, criterio que se revela en la osadía y arrebato con que a ellas se dirigen, y en la facultad de matarlas que se arrogan con tal lisura, a pretexto de amor, de celos o de honra”. Que la violencia patriarcal componía una atmósfera espesa y constante en torno a las mujeres de hace cien años es algo que no podemos perder de vista y, como texto de referencia para comprender las identidades “masculina” y “femenina” que estaban en cambio y en pugna en aquel período, la lectura de Pardo Bazán toma cuerpo y contexto en el ensayo Masculinidades en tela de juicio, de la historiadora Nerea Aresti, en el que precisamente construye la reflexión teórica sobre la violencia de la masculinidad hegemónica a través del análisis de cuatro procesos judiciales como los que glosa doña Emilia y que implican, en grados diversos, el género y su (de)construcción4.

Porque a doña Emilia no le falta tampoco ojo para entender el mecanismo de sometimiento en el que entra la víctima, generalmente de pocos recursos educativos y personales, cuando se expone al estereotipo de hombre o chulo tan abundante entonces y tan dado a tirar de navaja y aplicar la lógica del “hembra por hembra”. Desde ahí debemos entender que pedir formación y trabajo para las mujeres, pedir o defender la educación, no es un abstracto apolítico sino la clave de bóveda de la condición de persona de cualquier mujer: poder valerse por sí misma y tener la libertad que da la independencia económica, esa que también el maltratador limita como otra forma de violencia. Es común en muchas mujeres aceptar insultos e incluso golpes, así como otras conductas de control, sin identificar esas agresiones como maltrato. Y en el análisis que la autora coruñesa realiza de esta normalización de la violencia en apariencia “pequeña”, no falta la conexión representacional, el ámbito de la cultura, eso que vemos, nos bombardea, nos dice lo que debemos o no ser, lo que es normal o mueve a risa, lo que procede en función de algún azar genético y una pertinente estructura de dominación. Otra estampa de época, esta vez de 1907, dígase que publicidad, canciones, películas, mujeres, hombres o viceversa:

Notad cómo, en esa esquina, dialogan uno de capita y gorra ladeada y una de pobre mantón y complicado moño… El diálogo se anima: él alza la mano y descarga bofetón redondo… Ella titubea, llora; luego ríe…; ni siquiera pide auxilio: el bofetón está en el programa. Y ese bofetón es el preludio de lo que vendrá más tarde, en una hora de exasperación brutal de celos o de soberbia; es el anticipo del navajazo feroz, del estrujón de nuez que rompe el cartílago, del puntapié que desgarra las entrañas, del palo que abre el cráneo, del proyectil que se incrusta en la masa encefálica… ¡Va tan poco del primer maltrato al crimen! La bofetada anuncia la muerte; y las emplazadas, sin embargo, media hora después de haber recibido en la mejilla el golpe y el insulto, se cuelgan del brazo del ofensor y se van con él a celebrar los chistes de una obreja teatral, donde quizá ven reproducida, en broma, la escena en que acaban de ser protagonistas…

El recuento diario de la violencia machista en España también ve reproducido, pero no es broma, el relato que Pardo Bazán traza magistralmente a comienzos de la centuria pasada. La palabra “precursora” adquiere entonces un sentido exacto, pero no por la anticipación de un feminismo que para la fecha lleva años en la realidad del debate intelectual y de las prácticas políticas españolas, sino porque los textos —y aquí he extractado una muestra bastante escueta— revelan una comprensión moderna de las violencias machistas: desde un marco de derechos humanos antes de que estos fueran consignados, un marco que conecta las condiciones de opresión y también las de representación, las creencias dominantes y las inercias sociales, los mecanismos de poder y del afecto, para estudiar y denunciar la expresión más grave del sometimiento estructural que padece la mitad de la población del globo. Como siguen haciendo hoy, desconociendo quizá a esta tataratatarabuela, muchas y muy válidas periodistas en España; ojalá, con este artículo, algo mejor precedidas.


La violencia de genero en la narrativa de finales del XIX.


En uno de sus relatos, Emilia Pardo Bazán cuenta la historia de una mujer de clase acomodada que plantó a su novio en el altar, ante el asombro y el escándalo de todos los invitados. Durante años, los vecinos especularon sobre las verdaderas razones por las que Micaela había tomado esta sorprendente decisión.
Mucho tiempo después contó a una amiga los auténticos motivos de su fuga. Micaela estaba ilusionada con su boda y avanzaba por el pasillo central hacia el altar ataviada con el clásico vestido blanco y un largo encaje que había pertenecido a la familia del novio. En mitad de su recorrido, el velo se enganchó con algún saliente y ella tiró levemente de él. El viejo encaje se desgarró y en el momento en que ella recobraba la compostura advirtió la mirada airada del novio y sus labios contraídos. Sintió en su pecho, mucho más que si la hubiese pronunciado, la completa desaprobación del que iba a ser su marido. En ese momento, Micaela, comprendió la vida que le esperaba y decidió pronunciar un rotundo no que dejó petrificados a los invitados
https://elpais.com/diario/2011/02/05/andalucia/1296861728_850215.html
Doña Emilia Pardo Bazán vivía su sexualidad y su apasionado amor como si fuera un hombre... pero había tenido la desgracia de nacer mujer. La coruñesa luchaba contra un enemigo invisible que no era siquiera el sexo que se opone, sino una sociedad entera, unida por los prejuicios y la falta de justicia, una presunción de oportunidad: hasta que no se demuestre lo contrario, la mujer merece lo mismo que el hombre. "Lo único que creo que se debe en justicia a la mujer es la desaparición de la incapacidad congénita con que la sociedad la hiere. Iguálense las condiciones, y la libre evolución hará lo demás". Esta frase bien podría servir para contestar los elogios de Clarín a la escritora, que aseguraba que era brillante ma la gloria non vedo, porque la gloria era un lugar reservado para los hombres; la mujer no podría igualarse al hombre nunca porque la inteligencia era también una condición del varón. "En este desgraciado país, incapaces los hombres de equipararse a las mujeres, se dedican a difamarlas", le confiesa Pardo Bazán a Pérez Galdó
https://elpais.com/elpais/2013/05/03/mujeres/1367558700_136755.html


Examen noviembre(Grupo A)


Pero ¿qué dice El Segundo Sexo? En este libro se recogen buena parte de los temas que el feminismo trabajará desde entonces y hasta la actualidad. Simone expone la teoría de que la mujer siempre ha sido considerada la otra con relación al hombre sin que ello suponga una reciprocidad, como ocurre en el resto de los casos. Por ejemplo, si para un pueblo los otros son los “extranjeros”, para esos “extranjeros”, los otros serán quienes les llaman así. Es decir, el sentimiento de los otros es recíproco. Con la mujer no ocurre eso. El hombre en ningún caso es el otro. Todo lo contrario, el hombre es el centro del mundo, es la medida y la autoridad. –Esta idea será la que el feminismo posterior llame androcentrismo: el varón como medida de todas las cosas. Beauvoir utiliza la categoría de Otra para describir cuál es la posición de la mujer en un mundo masculino porque es un mundo donde son los hombres los detentores del poder y los creadores de la cultura. Esa categoría es universal puesto que está en todas las culturas. Las mujeres son consideradas otras por los varones sin connotación de reciprocidad . El Segundo Sexo ve el mundo dominado por los varones como generador de mala fe, donde las libertades –las de las mujeres, al menos–, no tienen su oportunidad .
Simone de Beauvoir llega a la conclusión de que la mujer ha de ser ratificada por el varón a cada momento, el varón es lo esencial y la mujer siempre está en relación de asimetría con él. Y desarrolla el concepto de la heterodesignación ya que considera que las mujeres comparten una situación común: los varones les imponen que no asuman su existencia como sujetos, sino que se identifiquen con la proyección que en ellas hacen de sus deseos. Pero la filósofa no se queda ahí. Todo el primer volumen del ensayo es una investigación sobre esto. Y con ella también inaugura una forma de trabajar que será característica del feminismo de la tercera ola, el carácter interdisciplinar del mismo.
El feminismo posterior ya no se dedicará sólo a la reivindicación sino que indagará en todas las ciencias y disciplinas de la cultura y el conocimiento como hizo Simone de Beauvoir. Para llegar a las conclusiones del primer volumen, la filósofa estudia las ciencias naturales y humanas: biología, psicología, materialismo histórico…, y luego hace un recorrido por la historia de occidente y por los mitos de la cultura. Su conclusión es que no hay nada biológico ni natural que explique esa subordinación de las mujeres, lo que ha ocurrido es que la cultura –desde la Edad del bronce–, dio más valor a quien arriesgaba la vida –que es lo que hacían los hombres en las guerras y conquistas de nuevos territorios–, que a quienes la daban –que es lo que hacían las mujeres con su poder de concebir-
Fragmento del artículo de Nuria Varela "Simone de Beauvoir: no se nace mujer, se llega a serlo "
    http://nuriavarela.com/simone-de-beauvoir-no-se-nace-mujer-se-llega-a-serlo/


CUESTIONES
PRIMERA PARTE (1 PUNTO)
1. Resume el contenido del texto Si lo prefieres, puedes optar por elaborar un esquema ordenado que ponga de relieve las ideas principales.
SEGUNDA PARTE (1.5 PUNTOS)
2. Redacta un comentario crítico sobre el texto, manifestando tu acuerdo o desacuerdo con las ideas contenidas en él. Recuerda que debes elaborar un texto propio, argumentativo, bien organizado, redactado con corrección y adecuación.
TERCERA PARTE: CONTESTA A  PREGUNTAS SIGUISIGUIENTES: (7.5  PUNTOS)
3. Localiza e indica en la etapa de la obra del autor a la que pertenece los siguientes textos (3 puntos)
La Saeta
¿Quién me presta una escalera,
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Saeta popular
¡Oh la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fuí de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;

y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopollita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinitas.



4.- Realiza un esquema de la trayectoria poética de Machado y Juan Ramón Jiménez.(2,25 puntos)

5.- Explica mediante un texto expositivo las característica de la novela del 98 a través de tres de sus autores relevantes.(2.25 puntos)




jueves, 8 de noviembre de 2018

Texto para examen; El segundo sexo.

Pero ¿qué dice El Segundo Sexo? En este libro se recogen buena parte de los temas que el feminismo trabajará desde entonces y hasta la actualidad. Simone expone la teoría de que la mujer siempre ha sido considerada la otra con relación al hombre sin que ello suponga una reciprocidad, como ocurre en el resto de los casos. Por ejemplo, si para un pueblo los otros son los “extranjeros”, para esos “extranjeros”, los otros serán quienes les llaman así. Es decir, el sentimiento de los otros es recíproco. Con la mujer no ocurre eso. El hombre en ningún caso es el otro. Todo lo contrario, el hombre es el centro del mundo, es la medida y la autoridad. –Esta idea será la que el feminismo posterior llame androcentrismo: el varón como medida de todas las cosas. Beauvoir utiliza la categoría de Otra para describir cuál es la posición de la mujer en un mundo masculino porque es un mundo donde son los hombres los detentores del poder y los creadores de la cultura. Esa categoría es universal puesto que está en todas las culturas. Las mujeres son consideradas otras por los varones sin connotación de reciprocidad . El Segundo Sexo ve el mundo dominado por los varones como generador de mala fe, donde las libertades –las de las mujeres, al menos–, no tienen su oportunidad .

Simone de Beauvoir llega a la conclusión de que la mujer ha de ser ratificada por el varón a cada momento, el varón es lo esencial y la mujer siempre está en relación de asimetría con él. Y desarrolla el concepto de la heterodesignación ya que considera que las mujeres comparten una situación común: los varones les imponen que no asuman su existencia como sujetos, sino que se identifiquen con la proyección que en ellas hacen de sus deseos. Pero la filósofa no se queda ahí. Todo el primer volumen del ensayo es una investigación sobre esto. Y con ella también inaugura una forma de trabajar que será característica del feminismo de la tercera ola, el carácter interdisciplinar del mismo.

El feminismo posterior ya no se dedicará sólo a la reivindicación sino que indagará en todas las ciencias y disciplinas de la cultura y el conocimiento como hizo Simone de Beauvoir. Para llegar a las conclusiones del primer volumen, la filósofa estudia las ciencias naturales y humanas: biología, psicología, materialismo histórico…, y luego hace un recorrido por la historia de occidente y por los mitos de la cultura. Su conclusión es que no hay nada biológico ni natural que explique esa subordinación de las mujeres, lo que ha ocurrido es que la cultura –desde la Edad del bronce–, dio más valor a quien arriesgaba la vida –que es lo que hacían los hombres en las guerras y conquistas de nuevos territorios–, que a quienes la daban –que es lo que hacían las mujeres con su poder de concebir-
Fragmento del artículo de Nuria Varela "Simone de Beauvoir: no se nace mujer, se llega a serlo "
    http://nuriavarela.com/simone-de-beauvoir-no-se-nace-mujer-se-llega-a-serlo/


martes, 6 de noviembre de 2018

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde 




En este caso imperdible, publicado en 1886, Stevenson relata la historia de un hombre en el que conviven y se debaten los extremos de la pureza y de la maldad. Apartir del descubrimiento de una droga, un científico consigue un desdoblamiento de su personalidad, pudiendo separar su mitad buena de su mitad mala. Esto nos puede dar un tema fundamental que es el debate entre el bien y el mal.


La lucha feroz entre los extremos, la dificultad de armonía o integración. ( el bien y el mal.)

El contenido de la lucha entre las dos caras de lo humano produce desgarro, el sufrimiento es angustian  lo que nos da varios puntos de vista, ya sean religiosos o científicos.

Una de las obras cumbre de la literatura de terror de todos los tiempos, un relato apasionante de intriga y misterio en el cual se estudia la dualidad humana y las consecuencias que puede acarrear el dejar totalmente libre nuestro lado más salvaje, más irracional. 

Resultado de imagen de razón y el instinto

Muchos describen "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde" como una novela de intención filosófica y moral, que trata de la lucha que se libra dentro de nosotros entre la razón y el instinto. Pero el relato de Stevenson puede ser igualmente caracterizado como una genial obra de suspense.










martes, 30 de octubre de 2018

Literatura noviembre.


El 4 de Noviembre de 1926 se inauguró el Lyceum Club Femenino de Madrid, siguiendo el camino marcado por el Lyceum londinense creado en 1904 por la escritora británica Constance Smedley-Armfield. Este club, fundado en plena dictadura de Primo de Rivera, está considerado la primera asociación feminista de nuestro país, y tenía como objetivo convertirse en un lugar de encuentro para las intelectuales españolas, donde poder compartir y mostrar su talento, establecer lazos tanto profesionales como personales, o llevar a debate la condición social y jurídica de la mujer.
En su inicio contó con 151 socias y seis secciones diferentes: social, música, artes plásticas e industriales, literatura, ciencias e internacional, y una séptima sección especial, la hispanoamericana. Su presidenta fue María de Maeztu, directora de la Residencia de Señoritas, y sus vicepresidentas la escritora y diplomática Isabel Oyarzábal y la abogada Victoria Kent. Amalia Galárraga fue nombrada tesorera, Zenobia Camprubí secretaria y Helen Phillips vicesecretaria. Un año después de su fundación el número de socias se había quintuplicado.

El criterio para pertenecer al club era puramente formativo, independiente de ideología política, condición civil, religión u orientación sexual. Para ser miembro, una mujer debía tener estudios superiores o haber realizado obras sociales o destacado en algún ámbito artístico o intelectual. Aunque no había limitación por condición social, en la práctica estos requerimientos restringían el acceso a mujeres de clase social alta. Los hombres podían permanecer en el salón de té y participar en las conferencias, pero no ser socios.
Por supuesto el Lyceum no fue bien acogido por toda la sociedad española, especialmente por parte de los intelectuales conservadores y de la iglesia (pero no sólo, el propio Rafael Alberti se burló del club mientras daba una conferencia allí). Se lo consideraba como un “casino femenino” y sus socias fueron acusadas de “criminales”, “liceómanas“, “excéntricas” y “desequilibradas”[2]. Pese a los constantes intentos para desprestigiarlo, el club se convirtió en lugar de gran importancia en la agenda cultural española. En él se organizaban cursos, conferencias, conciertos y exposiciones. García Lorca dio en sus salones la conferencia “Imaginación, inspiración y evasión en poesía”, y Unamuno leyó allí su drama “Raquel encadenada”, al igual que muchos más intelectuales de la época. Carmen Baroja cuenta en sus memorias que «Todos se pirraban por el Lyceum. No hubo intelectual, médico o artista que no diera una conferencia; menos Benavente, que dijo que no quería hablar a tontas y a locas».
El club sirvió como lugar de inspiración para escritoras como Ernestina de Champourcín, Concha Méndez o Elena Fortún, y entre sus socias se encontraban intelectuales de la talla de María Teresa León y Clara Campoamor.
Su actividad no se restringió al ámbito cultural. La sección social emprendió una campaña en 1927 para sustituir el artículo 57 del Código Civil: «El marido debe proteger a la mujer y ésta obedecer al marido» por «El marido y la mujer se deben protección y consideraciones mutuas», y cuestionó el 438 «El marido que sorprendiendo en adulterio a su mujer matase en el acto a ésta o al adúltero, o les causara lesiones graves, será castigado con la pena de destierro». De la mano de Clara Campoamor, también la lucha por el sufragio femenino fue de gran importancia. De la misma forma, con la llegada de la República muchas de sus integrantes dieron el salto a la política, ocupando cargos de importancia en el nuevo gobierno, como fue el caso de Victoria Kent, Isabel Oyarzábal o María Lejárraga.
Con el fin de la Guerra Civil el Lyceum fue desmantelado y pasó a formar parte de la falangista Sección Femenina, convirtiéndose en lo contrario de lo que había sido, y siendo condenado al descrédito y al olvido
.
https://conotrosojosblog.wordpress.com/2017/01/24/lyceum-club-femenino-de-madrid

CUESTIONES

PRIMERA PARTE (1 PUNTO)

1. Resume el contenido del texto Si lo prefieres, puedes optar por elaborar un esquema ordenado que ponga de relieve las ideas principales.

SEGUNDA PARTE (1.5 PUNTOS)

2. Redacta un comentario crítico sobre el texto, manifestando tu acuerdo o desacuerdo con las ideas contenidas en él. Recuerda que debes elaborar un texto propio, argumentativo, bien organizado, redactado con corrección y adecuación.

TERCERA PARTE: CONTESTA A  PREGUNTAS SIGUISIGUIENTES: (7.5  PUNTOS)

3. Localiza e indica en la etapa de la obra del autor a la que pertenece los siguientes textos (3 puntos)


Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo siente...
¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!



4.- Realiza un esquema de la novela de la generación del 98.(2,25 puntos)

5.- Explica mediante un texto expositivo las característica del Modernismo a través de la figura de Rubén Darío.(2.25 puntos)