Caballeros 1

lunes, 9 de enero de 2012

De Juan Ramón a Pedro Salinas.

El nombre conseguido de los nombres


Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,

dios, tú tenías seguro que venir a él,

y tú has venido a él, a mí seguro,

porque mi mundo todo era mi esperanza.

Yo he acumulado mi esperanza

en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;

a todo yo le había puesto nombre

y tú has tomado el puesto

de toda esta nombradía.

Ahora puedo yo detener ya mi movimiento,

como la llama se detiene en ascua roja

con resplandor de aire inflamado azul,

en el ascua de mi perpetuo estar y ser;

ahora yo soy ya mi mar paralizado,

el mar que yo decía, mas no duro,

paralizado en olas de conciencia en luz

y vivas hacia arriba todas, hacia arriba.

Todos los nombres que yo puse

al universo que por ti me recreaba yo,

se me están convirtiendo en uno y en un
dios.


El dios que es siempre al fin,

el dios creado y recreado y recreado

por gracia y sin esfuerzo.

El Dios. El nombre conseguido de los nombres.


El nombre conseguido de los nombres es una de las composiciones en que se muestra la

culminación del proceso casi místico de perfección de la poesía juanramoniana.
El alma tenías…


El alma tenías

tan clara y abierta,

que yo nunca pude

entrarme en tu alma.

Busqué los atajos

angostos,los pasos

altos y difíciles...

A tu alma se iba

por caminos anchos.

Preparé alta escala

—soñaba altos muros

guardándote el alma—

pero el alma tuya

estaba sin guarda

de tapial ni cerca.

Te busqué la puerta

estrecha del alma,

pero no tenía,

de franca que era,

entradas tu alma.

¿En dónde empezaba?

¿Acababa, en dónde?

Me quedé por siempre

sentado en las vagas

lindes de tu alma.
El deseo de penetrar en la esencia o el misterio de las cosas, heredado de Juan Ramón


Jiménez, lleva a Pedro Salinas en el poema “el alma tenías” a intentar desvelar el enigma

del alma de la amada.

Salinas recurre a paradojas muy reveladoras de su propósito, este poema tiene una


declaración inicial de intenciones con una gran paradoja: Quería conocer tu alma y la

tenías tan clara que esa misma claridad me impidió encontrarla, porque los

sentimientos nos ciegan.

Luego el poema continúa de contraste en contraste, de malentendido en

malentendido, de imagen en imagen (camino, puerta, escala,..) Con dos claros

movimientos, uno de búsqueda y otro de desencuentro. Hasta que se llega al final, un

final de desconsuelo eterno: "Me quedé para siempre, sentado en las vagas lindes de

tu alma".

Él no comprende que el alma de la amada es tan inmensa que no tiene límites, por lo

que el amante queda desconcertado al borde de esa vastedad, la mujer deseada se

nos presenta como un ser exterior al yo lírico, alguien que se abstrae hasta el punto

de que es nombrada a través de la palabra “alma”, la convierte en el objeto de toda

búsqueda (“Busqué” y “Te busqué”). A pesar de ello es él mismo quien origina las

dificultades puesto que va sembrando de obstáculos ese recorrido que le lleva hasta

el conocimiento de la amada.

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