El nombre conseguido de los nombres
Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,
dios, tú tenías seguro que venir a él,
y tú has venido a él, a mí seguro,
porque mi mundo todo era mi esperanza.
Yo he acumulado mi esperanza
en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;
a todo yo le había puesto nombre
y tú has tomado el puesto
de toda esta nombradía.
Ahora puedo yo detener ya mi movimiento,
como la llama se detiene en ascua roja
con resplandor de aire inflamado azul,
en el ascua de mi perpetuo estar y ser;
ahora yo soy ya mi mar paralizado,
el mar que yo decía, mas no duro,
paralizado en olas de conciencia en luz
y vivas hacia arriba todas, hacia arriba.
Todos los nombres que yo puse
al universo que por ti me recreaba yo,
se me están convirtiendo en uno y en un
dios.
El dios que es siempre al fin,
el dios creado y recreado y recreado
por gracia y sin esfuerzo.
El Dios. El nombre conseguido de los nombres.
El nombre conseguido de los nombres es una de las composiciones en que se muestra la
culminación del proceso casi místico de perfección de la poesía juanramoniana.
El alma tenías…
El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos,los pasos
altos y difíciles...
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
—soñaba altos muros
guardándote el alma—
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.
El deseo de penetrar en la esencia o el misterio de las cosas, heredado de Juan Ramón
Jiménez, lleva a Pedro Salinas en el poema “el alma tenías” a intentar desvelar el enigma
del alma de la amada.
Salinas recurre a paradojas muy reveladoras de su propósito, este poema tiene una
declaración inicial de intenciones con una gran paradoja: Quería conocer tu alma y la
tenías tan clara que esa misma claridad me impidió encontrarla, porque los
sentimientos nos ciegan.
Luego el poema continúa de contraste en contraste, de malentendido en
malentendido, de imagen en imagen (camino, puerta, escala,..) Con dos claros
movimientos, uno de búsqueda y otro de desencuentro. Hasta que se llega al final, un
final de desconsuelo eterno: "Me quedé para siempre, sentado en las vagas lindes de
tu alma".
Él no comprende que el alma de la amada es tan inmensa que no tiene límites, por lo
que el amante queda desconcertado al borde de esa vastedad, la mujer deseada se
nos presenta como un ser exterior al yo lírico, alguien que se abstrae hasta el punto
de que es nombrada a través de la palabra “alma”, la convierte en el objeto de toda
búsqueda (“Busqué” y “Te busqué”). A pesar de ello es él mismo quien origina las
dificultades puesto que va sembrando de obstáculos ese recorrido que le lleva hasta
el conocimiento de la amada.

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