Caballeros 1

miércoles, 20 de junio de 2018

Exámenes de Mayo 1º Bach. Recuperación.


LITERATURA.

1ª EVALUACIÓN.
a.- La Celestina,  Esta historia transcurre en un contexto en el que el catolicismo tiene mucho poder. en la obra,  Celestina pide confesión antes de morir,  Calisto también pide confesión cuando yace moribundo tras caer del muro, Melibea se suicida. Los tres mueren sin recibir la confesión que perdonaría sus culpas. ¿Crees que Rojas quiere transmitir algún mensaje moral o religioso con estes finales de sus protagonistas?. Desarrolla la respuesta.
b.- Realiza un esquema de la lírica en La Edad Media.

2ª EVALUACIÓN
a.- Explica las tres vías del amor místico y sitúa, de modo razonado, el siguiente texto de Teresa de Jesús en una de ellas. (2 puntos)

"Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aún harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo al su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento"
b.- Realiza un esquema de la narrativa renacentista. Desarrolla de modo independiente el apartado dedicado a El Quijote.
3ª EVALUACIÓN
 a.- Comenta el siguiente texto de La madre naturaleza de Emilia Pardo Bazán. Sitúalo en su corriente literaria atendiendo al contenido y a sus características lingüísticas.
   Con todo, algo medroso y tétrico debía pesar sobre su imaginación, según el cuento que empezó a referir en voz hueca a la nené, lo mismo que si ella pudiese comprender lo que le hablaban. ¿De dónde procedía este cuento, variante de la leyenda del ogro? ¿Lo oiría Perucho en alguna velada junto al lar, mientras hilaban las viejas y pelaban castañas las mozas? ¿Sería creación de su mente excitada por los terrores de un día tan excepcional? «Una ves -empezaba el cuento- era un rey muy malo, muy galopín, que se comía la gente y las presonas vivas... Este rey tenía una nené bunita bunita, como la frol de mayo... y pequeñita pequeñita como un grano de millo (maíz quería decir Perucho). Y el malo bribón del rey quería comerla, porque era el coco, y tenía una cara más fea, más fea que la del diaño... (Perucho hacía horribles muecas a fin de expresar la fealdad extraordinaria del rey). Y una noche dijo él, dice: 'Heme de comer mañana por la mañanita trempano a la nené... así, así'. (Abría y cerraba la boca haciendo chocar las mandíbulas, como los papamoscas de las catedrales). Y había un pagarito sobre un árbole, y oyó al rey, y dijo, dice: 'Comer no la has de comer, coco feo.' ¿Y va y qué hace el pagarito? Entra por la ventanita... y el rey estaba durmiendo. (Recostaba la cabeza en las espigas de maíz y roncaba estrepitosamente para representar el sueño del rey). Y va el pagarito y con el bico le saca un ojo, y el rey queda chosco. (Guiñaba el ojo izquierdo, mostrando cómo el rey se halló tuerto). Y el rey a despertar y a llorar, llorar, llorar (imitación de llanto) por su ojo, y el pagarito a se reír muy puesto en el árbole... Y va y salta y dijo, dice: 'Si no comes a la nené y me la regalas, te doy el ojo...' Y va el rey y dice: 'Bueno...' Y va el pagarito y se casó con la nené, y estaba siempre cantando unas cosas muy preciosas, y tocando la gaita... (solo de este instrumento), y entré por una porta y salí por otra, ¡y manda el rey que te lo cuente otra vez!».

b.-En el personaje de Juanito Santa Cruz, critica, Galdós , al Tenorio. Realiza una comparativa entre ambos personajes enfrentando el texto anterior de Fortuna y Jacinta con tu lectura de Don Juan Tenorio.  

LENGUA.

-Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desalineamiento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar ladridos, como suelen hacer algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Qué lo había impulsado a ese adiestramiento? Ante sus amigos se auto flagelaba con humor: “La verdad es que ladro por no llorar”. Sin embargo, la razón más valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. Amor es comunicación.
¿Cómo amar entonces sin comunicarse?
Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido por Leo, su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendían, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta y dialogaban sobre temas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera una tan sagaz visión del mundo.
Por fin, una tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: “Dime, Leo, con toda franqueza: ¿qué opinas de mi forma de ladrar?”. La respuesta de Leo fue bastante escueta y sincera: “Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano”.
    Mario Benedetti.
1.- Señala que función sintáctica desempeñan , en su contexto, los sintagmas subrayados en el texto
a.-de arduo y pragmático aprendizaje
b.- tales
c.- se
 d.- su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros.
e.- sobre temas generales.
f.- bastante escueta y sincera

2.- Define los siguientes complementos del verbo. Señala los sintagmas que pueden desempeñar dicha función y pon un ejemplo.
Complemento predicativo.
Complemento oracional.
Complemento de regimen verbal ( o suplemento).
Complemento agente.

3.- Análisis sintáctico completo de las siguientes oraciones marcadas en cursiva:
      a.- Ante sus amigos se auto flagelaba con humor: “La verdad es que ladro por no llorar”
        b.-  Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar.




viernes, 15 de junio de 2018

Lengua 3ª Evaluación









1. Indica si las siguientes afirmaciones son verdaderas o falsas ( en caso de que sean falsas corrígelas). (1 punto)

_   Los sustantivos pueden ir precedidos por un artículo u otro determinativo.

 _   Los sustantivos no pueden combinarse con otras palabras.

 _   Los sustantivos pueden desempeñar una función en la oración, solos o en un grupo.

_   Los sustantivos siempre desempeñan una función dentro de un grupo.

 _   Los sustantivos tienen concordancia con los adjetivos que les acompañan, pero no siempre con los artículos.

 _   La concordancia se da siempre entre los sustantivos y los artículos y adjetivos que les acompañan.


2. Inventa tres adjetivos para cada uno de estos sustantivos:  ( 1 punto)



Casa
Cuadro de texto: En Nueva York
Los forasteros en Nueva York somos reconocibles porque vamos por la calle mirando hacia el cielo con la boca abierta. A algunos se les pasa en unos días. Otros llevamos la nuca encajada entre los omóplatos durante meses. Soy de los que se emboban con los rascacielos, quizá porque me producen vértigo, o porque son las catedrales contemporáneas y están para eso, para embobar a gente como yo. 
No existen razones económicas o urbanísticas que justifiquen la existencia de torres altísimas; cuando las hay, son marginales o sobrevenidas. Hubo rascacielos en cuanto la técnica permitió construirlos y el invento del ascensor llegó a ser lo bastante seguro como para resolver el acceso a pisos elevados: se hicieron porque al fin pudieron hacerse. Los primeros rascacielos fueron creados para impresionar, para demostrar el poderío de una empresa o de un magnate y para atraer clientes con la singularidad del edificio. Las cosas funcionan más o menos igual hoy día. 
Cuando ya hay muchos rascacielos en una zona, como en el centro de Manhattan, siguen construyéndose aunque no resulten especialmente altos ni interesantes y nadie se entere de su existencia, porque cualquier cosa inferior a cien metros parecería la caseta del perro. Hay también, ahora, argumentos de tipo económico y jurídico para construir edificios muy altos, pero no están directamente relacionados con el precio de los solares. En Nueva York, una cosa es la propiedad del suelo y otra la propiedad del aire, y muchas veces pertenecen a gente distinta. El aire, es decir, el derecho de edificación sobre un solar a partir de cierta altura, puede ser tan caro o más que la tierra. Una vez se dispone de aire y tierra, hay que negociar con las autoridades una enorme cantidad de licencias. Cuando el promotor concluye este proceso, que aquí simplificamos porque tampoco se trata de hacer un máster en urbanismo, solo resulta rentable una mole con un montón de pisos. Pero porque el montaje es así, no porque la escasez de espacio resulte angustiosa. 
Un ejemplo de por qué se construyen rascacielos es el Flatiron, en la Quinta con la 13, uno de los primeros (1901) y más célebres. Flatiron, «plancha», es el nombre popular que ha acabado adoptando; al principio se llamaba Fuller Building y alojaba en los primeros pisos la compañía constructora George A. Fuller. Uno lo mira y piensa: pobre arquitecto, tener que aprovechar ese solar tan raro. En realidad, la parcela fue lo que interesó a los Fuller y al arquitecto, Daniel Burnham. Porque estaba en muy buen sitio, justo enfrente del Madison Square Garden original (un nudo de bares y teatros), y sobre todo, porque era triangular. La constructora quería atraer como inquilinos a los financieros de Wall Street, pero era difícil sacarlos de su barrio. Hacía falta algo especial, un edificio tan singular que constituyera un reclamo. El resultado, de 87 metros de altura, fue magnífico. 
ENRIC GONZÁLEZ: Historias de Nueva York, RBA
 Piedra

Cielo

 Abuelo

 Luna



3.  Subraya los verbos del siguiente fragmento e indica modo, tiempo, persona y número de cada uno ( 1 punto):

“Es cierto: soy terriblemente nervioso. Pero ¿Por qué insisten ustedes en llamarme loco? La enfermedad me ha aguzado los sentidos. No los ha destruido ni los ha embotado. De todos ellos el oído

es el más agudo. Escuchaba todas las cosas, tanto del Cielo como de la Tierra. Escuchaba muchas cosas del Infierno. ¿Cómo puede ser entonces que esté loco? ¡Presten atención! Escuchen, y observen cuán tranquilamente puedo contarles toda la historia”



4. Divide las siguientes palabras en sus componentes morfológicos e identifica el  procedimiento de formación de que se ha empleado ( 1 punto):

a)      Sietemesinos

b)      Interescolares

c)      Los limpiaparabrisas

d)     Flechazo



5. Escribe una oración que responda al modelo de los siguientes sintagmas (1.5 puntos):

a) SN-Sujeto

 b) (SN + SPrep-CN)-Sujeto

 c) SPrep-CI

d) SAdj-Atributo

 e) SN-CD.

6.- Analiza las siguientes oraciones ( cada oración vale 0,5 puntos)



a. Se venden aquellas casas.
b. La verdad se sabrá pronto.

c. Luis se quejó de sus notas.

d. Se come bien en este restaurante.

e. Pedro y tú no le disteis un beso a vuestra madre.

f. Llegamos muy cansados del viaje.

g. Nos conformamos con una cena frugal.












jueves, 14 de junio de 2018

Salas nos enseña.

David Diop.


Africa

Africa my Africa
Africa of proud warriors in ancestral savannahs
Africa of whom my grandmother sings
On the banks of the distant river
I have never known you
But your blood flows in my veins
Your beautiful black blood that irrigates the fields
The blood of your sweat
The sweat of your work
The work of your slavery
Africa, tell me Africa
Is this your back that is unbent
This back that never breaks under the weight of humiliation
This back trembling with red scars
And saying no to the whip under the midday sun
But a grave voice answers me
Impetuous child that tree, young and strong
That tree over there
Splendidly alone amidst white and faded flowers
That is your Africa springing up anew
springing up patiently, obstinately
Whose fruit bit by bit acquires
The bitter taste of liberty.


Africa
Africa my África

África de los altivos guerreros de las sabanas ancestrales. 
 África la que canta mi abuela 
A la orilla de su río lejano.
Yo jamás te conocí 
 pero mi mirada está llena de tu sangre Tu hermosa sangre negra vertida a través de los campos.
La sangre de tu sudor.
El sudor de tu trabajo. 
El trabajo de la esclavitud.
La esclavitud de tus hijos.
África, dime, África
 ¿Eres tú esa espalda que se doblega 
Y se resigna bajo el peso de la humanidad.
 Esa espalda que tiembla con sus rojas marcas.
 Que al mediodía soporta el látigo por los caminos?
Entonces, una voz solemne me respondió :
Hijo impetuoso aquel árbol  robusto y joven.
 Aquel árbol soberbiamente solo en medio de flores blancas y mustias.
 Es África, tu África que retoña.
 Que retoña paciente, obstinadamente
 Y cuyos frutos tienen poco a poco
El amargo sabor de la libertad.



martes, 12 de junio de 2018

De condicionales.

Información para responder a la pregunta de selectividad 2018 " Escribe un breve texto (de unas cinco líneas), que tenga sentido, en el que aparezca una oración condicional irreal, una adversativa y una causal. Identifícalas (1, 5 puntos)


Las oraciones condicionales se componen de una oración principal y de una oración subordinada, donde la subordinada manifiesta la condición que ha de cumplirse para que se ocurra lo que enuncia la oración principal. La oración subordinada va encabezada por la conjunción si.

En español se distinguen tres tipos de oraciones condicionales dependiendo de si la oración subordinada manifiesta posibilidad, probabilidad o irrealidad. Así, pueden ser: reales, potenciales o irreales. Esta clasificación se plasma en la construcción del enunciado, pues en cada caso debe usarse un tiempo verbal diferente.
Pablo: «Marcos, hoy voy a hacer un pastel, ¿me ayudas?»
Marcos: «Si tengo tiempo esta tarde, te ayudo.»

Pablo: «Marcos, puedes ayudarme a hacer un pastel?»
Marcos: «Si tuviese tiempo, te ayudaría. Pero tengo que hacer los deberes»

Mamá: «El pastel está listo. ¡Me dijiste que querías ayudarme!»
Marcos: «Si hubiese tenido tiempo, te habría ayudado. Pero tenía que hacer los deberes.»

Oraciones condicionales reales

Las oraciones condicionales reales se refieren a la posibilidad de que algo ocurra; es decir, se pone de manifiesto un escenario o condición que, si se cumple, posibilita la ocurrencia de otro suceso. La oración subordinada siempre va en presente o en pasado de indicativo, mientras que la oración principal puede aparecer en presente, pasado o futuro de indicativo.
Ejemplo:
Si tengo tiempo, te ayudo.
Si tengo tiempo, te ayudaré.
Si estuviste en Bilbao, seguro que probaste pinchos exquisitos.

Oraciones condicionales potenciales

Las oraciones condicionales potenciales manifiestan la probabilidad de que algo ocurra o deje de ocurrir. La oración subordinada se construye con imperfecto de subjuntivo, mientras que la oración principal siempre aparece en condicional o en imperativo.
Ejemplo:
Si tuviera/tuviese tiempo, te ayudaría.
Si tuvieras/tuvieses tiempo, ayúdame, por favor.

Oraciones condicionales irreales

Las oraciones condicionales irreales pueden tener dos significados: si la oración es afirmativa, se refieren a un escenario pasado que, finalmente, no tuvo lugar. Si la oración es negativa, manifiestan una situación que sí ha ocurrido. Como la situación que describen en cualquier caso es irreal, se construyen en subjuntivo.
La oración subordinada se construye con pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo, y la oración principal puede aparecer en condicional compuesto de indicativo o en pluscuamperfecto de subjuntivo.
Ejemplo:
Si hubiera/hubiese tenido tiempo, te habría/hubiera/hubiese ayudado. (No tuvo tiempo)
Si no hubiera/hubiese tenido tiempo, no te habría/hubiera/hubiese ayudado. (Sí tuvo tiempo)



lunes, 11 de junio de 2018

Examen 1ª de Bacharelato.



1.-Sitúa al autor del texto A en su corriente literaria. (1. Punto)

2.- Uno de los rasgos más destacables del narrador realista es el empleo de la ironía( rasgo que proviene del narrador de El Quijote)  explica las ironías de los siguientes textos. (1 punto)

A .- En el populoso barrio de Chamberí, más cerca del Depósito de Aguas que de Cuatro Caminos, vivía, no ha muchos años, un hidalgo de buena estampa y nombre peregrino; no aposentado en casa solariega, pues por allí no las hubo nunca, sino en plebeyo cuarto de alquiler de los baratitos, con ruidoso vecindario de taberna, merendero, cabrería y estrecho patio interior de habitaciones numeradas. La primera vez que tuve conocimiento de tal personaje y pude observar su catadura militar de antiguo cuño, algo así como una reminiscencia pictórica de los tercios viejos de Flandes, dijéronme que se llamaba don Lope de Sosa, nombre que trasciende al polvo de los teatros o a romance de los que traen los librillos de retórica; y, en efecto, nombrábanle así algunos amigos maleantes; pero él respondía por don Lope Garrido.

Benito Pérez Galdós: Tristana, Alianza

B.- Si no fuera por ese privilegio maravilloso y descomunal que se ha otorgado a los novelistas para describir lo más recóndito, leer lo que aún no está escrito, y hasta hablar de lo que no entiendes una jota, apuradillo me viera yo en este instante para describir el lugar de la escena con que doy comienzo a la presente historia. Tan oscura es la noche, tan deshecha la tempestad, tan profunda y angosta la hoz en cuyo esófago mismo hemos de penetrar para ver lo que allí pasa.

José María de Pereda: De tal palo, tal astilla, Cátedra





Jacinta se había quitado el sombrero y el abrigo. Juanito la sentó sobre sus rodillas y empezó a saltarla como a los niños cuando se les hace el caballo. Y dale con la tarabilla1 de que él era esclavo de su deber, y de que lo primero de todo es la familia. El trote largo en que la llevaba su marido empezó a molestar a Jacinta, que se desmontó y se fue a la silla en que antes estaba. Él entonces se puso a dar paseos rápidos por la habitación.

—Mi mayor gusto es estar al lado de mi adorada nena —decía sin mirarla—. Te amo con delirio, como se dice en los dramas. Bendita sea mi madrecita… que me casó contigo…

Hincósele delante y le besó las manos. Jacinta le observaba con atención recelosa, sin pestañear, queriendo reírse y sin poderlo conseguir. Santa Cruz tomó un tono muy plañidero para decirle:

—¡Y yo tan estúpido que no conocí tu mérito! ¡Yo que te estaba mirando todos los días, como mira el burro la flor sin atreverse a comérsela! ¡Y me comí el cardo!… ¡Oh!, perdón, perdón… Estaba ciego, encanallado2; era yo muy cañí… esto quiere decir gitano, vida mía. El vicio y la grosería habían puesto una costra en mi corazón… llamémosle garlochín3… Jacintilla, no me mires así. Esto que te digo es la pura verdad. Si te miento, que me quede muerto ahora mismo. Todas mis faltas las veo claras esta noche. No sé lo que me pasa; estoy como inspirado… tengo más espíritu, créetelo… te quiero más, cielo, paloma, y te voy a hacer un altar de oro para adorarte.

Benito Pérez Galdós: Fortunata y Jacinta, Cátedra

1tarabillatropel de palabras dichas deprisa y sin orden ni concierto; 2encanallarcorromper, envilecer; 3galochode mala vida.

3.-En el personaje de Juanito Santa Cruz, critica, Galdós , al Tenorio. Realiza una comparativa entre ambos personajes enfrentando el texto anterior de Fortuna y Jacinta con tu lectura de Don Juan Tenorio. (1,5 puntos)

3.- Las Rimas de Bécquer son, aún hoy, uno de los poemarios más leídos de la literatura escrita en castellano. Uno de los recursos más empleados por el autor en él es el epíteto. Comenta los efectos  que consigue Bécquer con el empleo de este recurso en el siguiente poema: (1 punto)

Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,                    5
eso eres tú. […]

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento
del ronco viento,                                   10
ansia perpetua de algo mejor,
eso soy yo.

Gustavo Adolfo Bécquer:
Rimas, Castalia



4.- Relaciona con El Neoclasicismo el siguiente texto de Cadalso: (1,5 puntos)

Estas cartas tratan del carácter nacional, cual lo es en el día y cual lo ha sido. Para manejar esta crítica al gusto de algunos, sería preciso ajar1 la nación, llenarla de improperios2 y no hallar en ella cosa alguna de mediano mérito. Para complacer a otros, sería igualmente necesario alabar todo lo que nos ofrece el examen de su genio, y ensalzar todo lo que en sí es reprensible. Cualquiera de estos dos sistemas que se siguiese en las Cartas marruecas tendría gran número de apasionados; y a costa de mal conceptuarse con unos, el autor se hubiera congraciado con otros. Pero en la imparcialidad que reina en ellas, es indispensable contraer el odio de ambas parcialidades. Es verdad que este justo medio es el que debe procurar seguir un hombre que quiera hacer algún uso de su razón; pero es también el de hacerse sospechoso a los preocupados de ambos extremos. Por ejemplo, un español de los que llaman rancios irá perdiendo parte de su gravedad, y casi casi llegará a sonreírse cuando lea alguna especie de sátira contra el amor a la novedad; pero cuando llegue al párrafo siguiente y vea que el autor de la carta alaba en la novedad alguna cosa útil, que no conocieron los antiguos, tirará el libro al brasero y exclamará: ¡Jesús, María y José!, este hombre es traidor a su patria. Por la contraria, cuando uno de estos que se avergüenzan de haber nacido de este lado de los Pirineos vaya leyendo un panegírico3 de muchas cosas buenas que podemos haber contraído de los extranjeros, dará sin duda mil besos a tan agradables páginas; pero si tiene la paciencia de leer pocos renglones más, y llega a alguna reflexión sobre lo sensible que es la pérdida de alguna parte apreciable de nuestro antiguo carácter, arrojará el libro a la chimenea y dirá a su ayuda de cámara: esto es absurdo, ridículo, impertinente, abominable y pitoyable4.

En consecuencia de esto, si yo, pobre editor de esta crítica, me presento en cualquiera casa de una de estas dos órdenes, aunque me reciban con algún buen modo, no podrán quitarme que yo me diga, según las circunstancias: en este instante están diciendo entre sí: este hombre es un mal español; o bien: este hombre es un bárbaro. Pero mi amor propio me consolará (como suele en muchos otros casos), y me diré a mí mismo: yo no soy más que un hombre de bien, que he dado a luz un papel, que me ha parecido muy imparcial, sobre el asunto más delicado que hay en el mundo, cual es la crítica de una nación.

José Cadalso: Cartas marruecas, Cátedra

5.- Realiza un esquema de la lírica del Romanticismo ( 2 puntos)

6.- Propón tres preguntas, estructuradas, sobre la materia que venía para examen. Desarrolla una de ellas. ( 2 puntos)

viernes, 8 de junio de 2018

Releyendo La Regenta.


Vetusta la noble estaba escandalizada, horrorizada. Unos a otros, con cara de hipócrita compunción, se ocultaban los buenos vetustenses el íntimo placer que les causaba aquel gran escándalo que era como una novela, algo que interrumpía la monotonía eterna de la ciudad triste. Pero ostensiblemente pocos se alegraban de lo ocurrido. ¡Era un escándalo! ¡Un adulterio descubierto! ¡Un duelo! ¡Un marido, un ex-regente de Audiencia muerto de un pistoletazo en la vejiga! En Vetusta, ni aun en los días de revolución había habido tiros. No había costado a nadie un cartucho la conquista de los derechos inalienables del hombre. Aquel tiro de Mesía, del que tenía la culpa la Regenta, rompía la tradición pacífica del crimen silencioso, morigerado y precavido. «Ya se sabía que muchas damas principales de la Encimada y de la Colonia engañaban o habían engañado o estaban a punto de engañar a su respectivo esposo, ¡pero no a tiros!». La envidia que hasta allí se había disfrazado de admiración, salió a la calle con toda la amarillez de sus carnes.
Y resultó que envidiaban en secreto la hermosura y la fama de virtuosa de la Regenta no sólo Visitación Olías de Cuervo y Obdulia Fandiño y la baronesa de la Deuda Flotante, sino también la Gobernadora, y la de Páez y la señora de Carraspique y la de Rianzares o sea el Gran Constantino, y las criadas de la Marquesa y toda la aristocracia, y toda la clase media y hasta las mujeres del pueblo... y ¡quién lo dijera! la Marquesa misma, aquella doña Rufina tan liberal que con tanta magnanimidad se absolvía a sí misma de las ligerezas de la juventud... ¡y otras! Hablaban mal de Ana Ozores todas las mujeres de Vetusta, y hasta la envidiaban y despellejaban muchos hombres con alma como la de aquellas mujeres. Glocester en el cabildo, don Custodio a su lado, hablaban de escándalo, de hipocresía, de perversión, de extravíos babilónicos; y en el Casino, Ronzal. Foja, los Orgaz echaban lodo con las dos manos sobre la honra difunta de aquella pobre viuda encerrada entre cuatro paredes. Obdulia Fandiño, pocas horas después de saberse en el pueblo la catástrofe, había salido a la calle con su sombrero más grande y su vestido más apretado a las piernas y sus faldas más crujientes, a tomar el aire de la maledicencia, a olfatear el escándalo, a saborear el dejo del crimen que pasaba de boca en boca como una golosina que lamían todos, disimulando el placer de aquella dulzura pegajosa. «¿Ven ustedes? decían las miradas triunfantes de la Fandiño. Todas somos iguales». Y sus labios decían: -¡Pobre Ana! ¡Perdida sin remedio! ¿Con qué cara se ha de presentar en público? ¡Como era tan romántica! Hasta una cosa... como esa, tuvo que salirle a ella así... a cañonazos, para que se enterase todo el mundo.
  -¿Se acuerdan ustedes del paseo de Viernes Santo? -preguntaba el barón.
-Sí, comparen ustedes... ¡Quién lo diría!...
-Yo lo diría -exclamaba la Marquesa-. A mí ya me dio mala espina aquella desfachatez... aquello de ir enseñando los pies descalzos... malorum signum.
-Sí, malorum signum -repetía la baronesa, como si dijera: et cum spiritu tuo.
-¡Y sobre todo el escándalo! -añadía doña Rufina indignada, después de una pausa.
-¡El escándalo! -repetía el coro.
-¡La imprudencia, la torpeza!
-¡Eso! ¡Eso!
-¡Pobre don Víctor!
-Sí, pobre, y Dios le haya perdonado... pero él, merecido se lo tenía.
-Merecidísimo.
-Miren ustedes que aquella amistad tan íntima... -Era escandalosa.
-Aquello era...
-¡Nauseabundo! Esto lo dijo el Marqués de Vegallana, que tenía en la aldea todos sus hijos ilegítimos Obdulia asistía a tales conversaciones como a un triunfo de su fama. Ella no había dado nunca escándalos por el estilo. Toda Vetusta sabía quién era Obdulia... pero ella no había dado ningún escándalo. Sí, sí, el escándalo era lo peor, aquel duelo funesto también era una complicación. Mesía había huido y vivía en Madrid... Ya se hablaba de sus amores reanudados con la Ministra de Palomares... Vetusta había perdido dos de sus personajes más importantes... por culpa de Ana y su torpeza. Y se la castigó rompiendo con ella toda clase de relaciones. No fue a verla nadie. Ni siquiera el Marquesito, a quien se le había pasado por las mientes recoger aquella herencia de Mesía. La fórmula de aquel rompimiento, de aquel cordón sanitario fue esta: -¡Es necesario aislarla... Nada, nada de trato con la hija de la bailarina italiana! El honor de haber resucitado esta frase perteneció a la baronesa de la Barcaza. […]
La Regenta no tuvo que cerrar la puerta del caserón a nadie, como se había prometido, por que nadie vino a verla, se supo que estaba muy mala, y los más caritativos se contentaron con preguntar a los criados y a Benítez cómo iba la enferma, a quien solían llamar esa desgraciada. Ana prefería aquella soledad; ella la hubiera exigido si no se hubiera adelantado Vetusta a sus deseos. Pero cuando, ya convaleciente, volvió a pensar en el mundo que la rodeaba, en los años futuros, sintió el hielo ambiente y saboreó la amargura de aquella maldad universal. «¡Todos la abandonaban! Lo merecía, pero... de todas maneras ¡qué malvados eran todos aquellos vetustenses que ella había despreciado siempre, hasta cuando la adulaban y mimaban!». Llegó Octubre, y una tarde en que soplaba el viento Sur perezoso y caliente, Ana salió del caserón de los Ozores y con el velo tupido sobre el rostro, toda de negro, entró en la catedral solitaria y silenciosa. Ya había terminado el coro. Algunos canónigos y beneficiados ocupaban sus respectivos confesonarios esparcidos por las capillas laterales y en los intercolumnios del ábside, en el trasaltar. ¡Cuánto tiempo hacía que ella no entraba allí! Como quien vuelve a la patria, Ana sintió lágrimas de ternura en los ojos. ¡Pero qué triste era lo que la decía el templo hablando con bóvedas, pilares, cristalerías, naves, capillas... hablando con todo lo que contenía a los recuerdos de la Regenta!... Aquel olor singular de la catedral, que no se parecía a ningún otro, olor fresco y de una voluptuosidad íntima, le llegaba al alma, le parecía música sorda que penetraba en el corazón sin pasar por los oídos. «¡Ay si renaciera la fe! ¡Si ella pudiese llorar como una Magdalena a los pies de Jesús!». Y por la vez primera, después de tanto tiempo, sintió dentro de la cabeza aquel estallido que le parecía siempre voz sobrenatural, sintió en sus entrañas aquella ascensión de la ternura que subía hasta la garganta y producía un amago de estrangulación deliciosa... Salieron lágrimas a los ojos, y sin pensar más, Ana entró en la capilla obscura donde tantas veces el Magistral le había hablado del cielo y del amor de las almas. «¿Quién la había traído allí? No lo sabía. Iba a confesar con cualquiera y sin saber cómo se encontraba a dos pasos del confesonario de aquel hermano mayor del alma, a quien había calumniado el mundo por culpa de ella y a quien ella misma, aconsejada por los sofismas de la pasión grosera que la había tenido ciega, había calumniado también pensando que aquel cariño del sacerdote era amor brutal, amor como el de Álvaro, el infame, cuando tal vez era puro afecto que ella no había comprendido por culpa de la propia torpeza». «Volver a aquella amistad ¿era un sueño? El impulso que la había arrojado dentro de la capilla ¿era voz de lo alto o capricho del histerismo, de aquella maldita enfermedad que a veces era lo más íntimo de su deseo y de su pensamiento, ella misma?». Ana pidió de todo corazón a Dios, a quien claramente creía ver en tal instante, le pidió que fuera voz Suya aquella, que el Magistral fuera el hermano del alma en quien tanto tiempo había creído y no el solicitante lascivo que le había pintado Mesía el infame. Ana oró, con fervor, como en los días de su piedad exaltada; creyó posible volver a la fe y al amor de Dios y de la vida, salir del limbo de aquella somnolencia espiritual que era peor que el infierno; creyó salvarse cogida a aquella tabla de aquel cajón sagrado que tantos sueños y dolores suyos sabía... La escasa claridad que llegaba de la nave y los destellos amarillentos y misteriosos de la lámpara de la capilla se mezclaban en el rostro anémico de aquel Jesús del altar, siempre triste y pálido, que tenía concentrada la vida de estatua en los ojos de cristal que reflejaban una idea inmóvil, eterna... Cuatro o cinco bultos negros llenaban la capilla. En el confesonario sonaba el cuchicheo de una beata como rumor de moscas en verano vagando por el aire. El Magistral estaba en su sitio. Al entrar la Regenta en la capilla, la reconoció a pesar del manto. Oía distraído la cháchara de la penitente; miraba a la verja de la entrada, y de pronto aquel perfil conocido y amado, se había presentado como en un sueño. El talle, el contorno de toda la figura, la genuflexión ante el altar, otras señales que sólo él recordaba y reconocía, le gritaron como una explosión en el cerebro: -¡Es Ana! La beata de la celosía continuaba el rum rum de sus pecados. El Magistral no la oía, oía los rugidos de su pasión que vociferaban dentro. Cuando calló la beata volvió a la realidad el clérigo, y como una máquina de echar bendiciones desató las culpas de la devota, y con la misma mano hizo señas a otra para que se acercase a la celosía vacante.